miércoles, 20 de noviembre de 2013

Red

Harrow School, Internando de Londres

Narra _______
Hoy se cumplen cuatro meses de la huida de Claire. El día de su cumpleaños llamó su padre, pero se llevó la sorpresa de que no estaba. Se puso hecho una furia al enterarse. La directora lo tranquilizó diciendo que todo estaba a manos de las autoridades. Pero no sabían por donde buscar. Si, por lo menos yo tendría una remota idea de donde podía estar, no habría dudado en decirlo. Pero estaba igual o peor que los demás. Aquí era como mi mejor amiga, ya que aquí son todas muy ¿pijas? ¿Creídas? ¿Consentidas? ¿Mimadas? ¿Caprichosas, niñas de papá y mamá? Yo soy una completa antisocial. Mis padres no son muy ricos que digamos. He conseguido estar aquí gracias a una beca. En cuanto la ví, supe que era diferente.

FLASHBACK

Ella no levantaba la cabeza con superioridad como las chicas que nos rodeaban. En su mirada, fija en el suelo, se podía adivinar un terror atroz. Me acerqué a ella y le toqué el hombro para avisar de mi presencia. Levantó la cabeza, tímida y me dedicó una amplia sonrisa. Me presenté.
-Soy ______ _______, siempre es agradable ver caras nuevas.
-Encantada.- se calló.- ¡Lo siento! Claire Pullman.- estiró el brazo para estrecharme la mano.- Es que no estoy muy acostumbrada a presentarme. Solía hacerlo mi hermana por mí. Acompañado de un "y como le hagas algo, te mataré".- rió y la imité.
-¿Es mayor que tú, tu hermana?
-Sip, por diez minutos.
-¿Mellizas?
-Nop, gemelas.- sonrió.
-¡Igual que Bill y Tom Kautliz!- no pude evitar exclamar. No puedo decir que sean mis ídolos, pero me gustan bastante. Ella volvió a reír.
-¿Tienes hermanos?- preguntó esta vez, pero mi respuesta no llegó ya que Kelly se metió por enmedio.
-¡______! ¡Aléjate de ella! ¡Por Dios! Siento que hayas tenido que aguantarla, querida,  es muy pesada.- masticaba su interminable chicle. Claire se giró hacía ella y la miró como su fuera de otro mundo.
-¿Y con quién tengo la desgracia de gastar saliva? -habló con superioridad. Kelly la miró escandalizada.
-¿Sabes acaso quién soy?- chilló.
-Por algo te he preguntado.- respondió obvia.
-Soy Kelly Bross, hija del senador Bross de Nueva York.
-Lo siento, su alteza.- dijo con burla acompañado de una reverencia exagerada que me hizo reír.- ¿Sabe? Ya que es de Nueva York, se podría volver para allá. No creo que te echemos de menos aquí.- añadió descaradamente.
-¿Se vio chica más insolente?- se llevó una mano al pecho.- Parece mentira que de tan buena posición salga algo como tú.
-Por eso, cuando aprendas a que la Tierra no gira en torno a ti, por algo está el Sol, serás digna de que te mire.- sonrió con suficiencia, dió media vuelta y desapareció entre la gente. Estuve buscándola por horas, parecía que se la había tragado la tierra. Al ser el primer día, no teníamos clases hasta el día siguiente. Me dirigía a mi habitación cuando una puerta a mi lado se abrió, una mano me cogió del brazo y me empujó dentro. Cerró la puerta de portazo y se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. - He vivido tres meses sin mi hermana, me las tengo que ingeniar para defenderme sin recurrir a la violencia. A Jackie… no le importaba si hería los sentimientos de la persona a la que insultaba, pero yo no soy así. Me duele como me miran y después no puedo evitar echarme a llorar y sentirme una mierda.- pegó las rodillas al pecho y las abrazó. Me acerqué a ella y le acaricié el pelo dulcemente cuando las primeras lágrimas amenazaron con derrumbarla.
-Me gusta la mechas rojas que llevas.- susurré para sacarle una sonrisa, que para mi satisfacción, me dedicó.
-Tu pelo también es precioso.- halagó.
-Te gusta el rojo, ¿no?- cuestioné. Pretendía distraerla y que no pensara en lo que había hecho, a pesar de que yo no le veía pega. Kelly necesitaba que le bajaran los humos y de la nube de colores en la que vivía.
-Si.- asintió.- A Jackie también le gusta mucho el rojo. Lo combina con negro y colores oscuros. Yo prefiero con colores más vivos.

FINAL FLASHBACK

En cuatro años no paró de hablarme de su hermana. La única información que conseguí sacar fue en comparaciones que hacía entre ellas. Siguió vacilando a Kelly y llorando por las noches por su causa. Hice unos arreglos con el director para que cambiaran a Claire a mi habitación. Me toca quedarme en el comedor con las cocineras para fregar los platos los días que no teníamos clases por las tardes y por las noches después de la cena. Eso durante un año, ya que después cambiaron de director a directora y ella me absolvió del pacto, dejando que mi amiga se quedara conmigo y quitándome la fregada diaria de platos. Ahora no tengo nada a lo que aferrarme. Bueno, miento. Para mi desgracia, estoy jodidamente enganchada a un chico de enormes ojos azules y cabello rubio que dice ser familia directa de los Styles. Me gusta, si, mucho además, pero no me creo nada. Se llama Jamie, pero su apellido es McGregor, no Styles, como el famosísimo cantante de 1D. Entre Claire y él siempre había un continuo pique, pero desde que desapareció no deja de preguntar si sé algo de ella. Cuando me pregunta está nervioso y no es capaz de levantar la vista de sus manos, que se retuercen sin descanso. Mi respuesta siempre es la misma. Él suspira resignado, pero nunca se cansa de preguntar. Espero que ella esté bien y que, algún día, pueda volver a verla, pueda explicarme porqué se fue. A lo mejor no me quiso decir porque no confiaba lo suficiente en mí. Es desconfiada. Pero, aún así, no puedo evitar echarla de menos

martes, 19 de noviembre de 2013

Disculpas

Hay dos temas a tratar:
1. Decidí añadir el personaje de ______ ya que me dijeron que así os sentís más identificadas. (Lo siento, Lulú, por lo de la descripción). No añadiré descripción de rayita, ya que cada una sabe como es.
2. Puede, PUEDE, que suba capítulo los lunes, ya que tengo tiempo para hacerlo el sábado y el domingo. Haré todo lo que pueda por subir, pero no prometo nada.
Kisses. Las amo

lunes, 18 de noviembre de 2013

Cualquiera puede ser idiota, pero hay gente que abusa de ello

Buenos Aires, Argentina

Narra Ela

Llegué al apartamento donde vivía con mi prima y con Belu. Ella era amiga mía, nos fuimos a vivir juntas, pero no tenemos la misma complicidad que tienen ellas. A nuestra amiga le tocaba turno de noche en el hospital en que estaba de prácticas, así que no llegaría antes de las siete de la mañana. Yo todavía voy al instituto, tengo quince y me gustaría estudiar para periodista. Entré al apartamento y dejé las llaves en el recibidor. De la cocina provenía un empalagoso olor a chocolate. Siempre se le dió bien eso de cocinar, a diferencia de mí, pero desde el embarazo parece otra, no la reconozco, es como si fuera otra persona. Caminé hasta donde provenía el horripilante olor y vi a mi prima a tres fuegos.
-¡Claire!- chillé al ver el desastre que había ocasionado.
-Ela, lo siento, de verdad, no sé que me pasa se echó-las manos a la cabeza, escandalizada.
-Tranquilízate, prima. Solo ha sido un despiste.- la calmé.
-Si, uno detrás de otro.- se apresuró a recogerlo todo.- ¿Qué tal te fue el día, pequeña?- cuestionó mientras fregaba lo que había utilizado. Cogí una manzana, me senté en una de las altas sillas, tipo las de bar moderno, y comencé a morderla.
-Nada especial.- me encogí de hombros con visible desinterés.
-¿Qué ocurrió con Parker al final? ¿Se achanta (raja) o se lanza?- preguntó como si tal cosa. ¡Señoras y señores, estamos hablando de Parker Speaker! No estoy a la altura ni para mirarle y así se lo comunique a mi prima.
-Pos no lo entiendo. Un chico como otro cualquiera. A _______ también le pasó con un chico. Jamie McGregor.- recordó.- no se atrevía ni a mirarle a veces. No sé como habrán quedado en estos últimos meses.
-Si es como yo, en su vida le hablará.- cogí una de las piezas de frutas y me la llevé a la boca. Se encogió de hombros.- ¿Qué hay de tu vida amorosa? Llevamos cuatro meses juntas y no haces más que hablarme de Jackie. Quiero saber cosas de ti. Todavía no me dijiste quien es el padre de mi primo.- dejé caer. Ella, que también había cogido una fruta, se atragantó.
-Ela, no me creerás, además, ¿qué importa? Seguramente no querrá hacerse cargo del bebé. Creerá que lo quiero exprimir como a un limón.- chilló.
-¿Pero qué ni siquiera le has preguntado? ¿Él no sabe que va a ser padre?- me sobresalté.
-No, Harry no lo sabe.- se tapó la boca, como si acabara de confesar un crimen.
-Pues ya tengo su nombre, prima. ¿Con qué Harry, eh? Ahora a averiguar cuál de los treinta mil Harrys que hay en Londres es el padre de la criatura.- respondí sarcástica.
-Sé que hay muchos, pero ¿podrías dejar el tema ya? Me siento un poco incómoda hablando de este asunto.- dijo más relajada.
-Ok, prima. No lo volveré a mencionar a no ser de que tú saques el tema.
-Eso me haría muy feliz.- exageró. Reímos juntas.
-Voy a pedir la comida, ¿qué quieres?- pregunté mientras cogía el teléfono.
-Ya sabes, lo mismo de siempre, una ensalada con una capa de salsa al roquefort.
-Como quieras.- sonreí. Pedí lo que ella quería y yo me pedí una hamburguesa con queso.
-Ahora explícame, ¿por qué el chico ese es tan inalcanzable?- preguntó mientras esperábamos al repartidor.
-Pues, no sé, tiene mucha más clase, viste más bien de marca.- tocaron el timbre y yo me fui acercando a la puerta mientras seguía explicándole.- Más feliz, tiene más dinero.- abrí la puerta.

NARRA CLAIRE
-¿Claire? Ya está aquí el repartidor. ¿Podrías traerme el dinero?- dijo nerviosa.
-Claro, prima.- cogí el dinero que había dejado en la encimera y se lo llevé.- Wow.- no pude evitar decir. Miré de arriba a bajo al chico.
-Vuestro pedido.- dijo con una amplia sonrisa y extendiendo una bolsa.
-Tu dinero.- le entregué los billetes.
-Qué les aproveche.- dirigió su mirada a mi prima y añadió.- Ahora dejemos de lado el rollo clienta- repartidor. ¿Podrías venir conmigo en el trabajo de biología? Todos mis amigos son pésimos y ni hablar de las chicas. Creo que eres la que mejor entiende.
-Claro, no hay problema, si quieres lo hablamos mañana en el instituto.- sugirió.
-Me encantaría.- sonrió más amplio todavia, si se podía y se despidió.
-No me digas que no es un cielo.- dijo ella al cerrar la puerta.
-No está mal.- me encogí de hombros.
-¿Eso es todo lo que puedes decir? ¿No está mal?- gritó.
-Ems…¿si?- volví a encoger los hombros.
-Ya puede ser más guapo el padre de tu niño más guapo que él.- me apuntó con un dedo. Yo fruncí el ceño. No me gusta hablar de Harry con mi prima. Básicamente porque mi prima es directioner y no se creería nada. A pesar de que Louis es su favorito, lleva la cuenta de las novias de todos los chicos. Las paredes de su habitación están forradas con pósters de ellos. Lo que me da más miedo es que se enfade conmigo y me eche del apartamento. Lógicamente, Belu lo sabe. A ella…no le hacen mucha gracia desde entonces. Piensa que todos son iguales. Hablando de ella, no tardaría en llegar. Ela piensa que hoy tiene turno de noche y que ahora está de extra, pero en realidad está preparando su cercano cumpleaños. Faltan dos meses, pero queremos que todo salga perfecto.
-La verdad, si, muchísimo más que ese. Pero si va a ser mi cuñado, quiero que hagáis el trabajo aquí.- le guiñé un ojo y ella gruñó.
-Si esa es tu única condición, supongo que no habrá problema.- suspiró. Sonreí complacida.-Ahora a comer, prima, sino se nos pasará la hora.
--------------------------------------------------------------------------------------------------
Holaaaaa, babies. Es un poco corto para el tiempo que habéis tenido que esperar, lo sé, pero es que era el cumpleaños de Ela!!!!! Pero Ela, la real. Es mi prima y su nombre de verdad es Sara. Su cumple fue el día 3, hace dos días, pero entre amigos y parientes hay ocho días de tiempo (suena mejor en valenciano, prima). Felicidadeeeeeeeees!!!! Otra cosa: os prometo, que si llegamos a las mil visitas (quizás sea mucho pedir) mejor a las quinientas visitas, hago maratón de tres/cinco capítulos, ¿que os parece?
Os amoooooooooooooo
PD:
ELA:

Veneno Llama Veneno

Irlanda

Narra Jackie

Lunes por la mañana. Me levanté arrastrando los pies. Estaba de pésimo humor y ver la cara del idiota tan cerca de la mía cuando desperté, me puso de peor humor. Mi pelo estaba totalmente desordenado, despeinado. Bajé a la cocina y me preparé un café bien cargado. Después de que Liam se fuera, me quedé bebiendo con Christian hasta las cuatro, que me trajo a casa. Después recuerdo haberme acostado sin importarme quien estuviera. Realmente, lo ebria que iba era como para no acordarme ni de mi nombre. Bebí el primer sorbo de mi nueva taza, en la que se podía leer Don't Bug Me, bondad de mi queridísima amiga Claire. Nótese el sarcasmo. Cuando me contó lo de Gary…urg, casi vomito si preciada moqueta. Después se me ocurrió una idea. Terminé mi café y lo dejé en la pila. Ya lo fregaría Maura por mí, no pienso destrozar mi manicura en algo así. Suena a hueca, pero es solo una excusa para no mover un dedo.
-Buenos días.- susurró Horan adormilado, sentado en la cama, con el pelo revuelto y restrergándose los ojos.
-Antes eran malos, pero ahora son peores.- respondí como si otra chica hubiera dicho lo bien que cantaba.
-Alguien se levantó con el pie izquierdo.- sonrió de lado.
-Alguien tiene cara de aeropuerto  y le va a aterrizar una hostia como siga jodiendo.- amenacé entrecerrando los ojos.- Y ahora te vas a largar, tengo que cambiarme.
-¿Ahora?- preguntó, levantándose.
-No, mañana.- me burlé.- Claro. Levanta tu culo de ahí y sácalo de mi habitación.- ordené. Me hizo caso, por su bien, y desapareció por las escaleras. Cerré la puerta detrás de él con seguridad, es decir, con pestillo. Rápidamente, me cambié:

Y salí. Necesitaba saber que Claire estaba bien. Bajé y sin despedirme, salí de la casa. Casi corrí hasta el instituto. Pero Claire, estaba todo, menos mal.

No podía creer lo que veían mis ojos. ¿Realmente eran ellos o sólo una alusión mía? No, realmente eran ellos. Y conforme me fui acercando pude verificarlo. Me aclaré falsamente la garganta y ellos se distanciaron de un salto, acomodandose el pelo y sonriendo como si nada hubiera ocurrido.

-¿Se piensan que soy idiota? Idiota es el que no os haya visto.- me burlé.
-Jackie, podemos explicarlo.- se apresuró a intervenir Claire. Crucé los brazos sobre el pecho y levanté una ceja. 
-Déjalo, no me importa lo más mínimo. Mientras no os estéis besando todo el santo día, por mí bien. Sabéis muy bien que me producen urticaria los besos.- hice una mueca de asco.- Por cierto, ¿dónde estan tus gafas?
-Ya no las necesito.- hizo un gesto, quitándole importancia. Antes de que pudiera responderle, tiraron bruscamente de ella, apartandola de nosotros y acercándola a su cuerpo, cogiendo su muñeca por encima de su cabeza y la altura de él.
-¿Estabas con él, verdad? Todo el fin de semana.- gruñó entre dientes. La aparté de Gary con fuerza y le pegué un empujón contra la pared. Presioné la mano contra el pecho.
-Justo en el punto en el que estoy, presiono tan solo un poco más y mueres. ¿Quieres que lo comprobemos?- amenacé.
-Tu puta amiga me dejó congado.- gritó.- Estuve todo el fin de semana buscándola para que se probara su vestido y no apareció.
-¿Quién se querría casar contigo, Gary? La noche de bodas sería una violación e irse a vivir juntos, un secuestro. Yo no te dejaría plantado en el altar, porque no habría.- me burlé. Ejercí fuerza sobre el punto en el que mi mano estaba. Gary se puso blanco. Gritaria, pero era imposible.- La dejarás en paz, ¿a que si?- lo miré cínica. Él asintió y lo solté. Calló al suelo, derrumbado. Me acerqué y aproximé su oreja a mis labios.- A la tercera va la vencida.

A la salida

-¿Pero a quién tenemos aquí? Pero si es la expulsada, ¿ya volviste?- dijo con su voz chillona.
-Por lo visto se te metió champú en los ojos, pero ¿ a quien tenemos aquí?- dije volviendome.- A la gran gorgona. Esta mañana no te miraste al espejo por lo visto, por miedo a petrificarte, ¿verdad? 
-No te atreveras a decir eso delante de él. ¡Sam! Tú amiguita me está molestando.- lo llamó. Como buen perrito faldero que era, la obedeció.
-¿Todavía no te metieron en el reformatorio en el que te tienes que pudrir?- saludó.
-Vaya, eso dolió.- fingí poniendo cara de cordero degollado y una mano en el corazón.- No lo entiendo, Shon. Vienes a defender a una zorra que dice ser tu novia, pero, que curioso. Ayer en la noche la vi en la esquina y justamente ni eras tú aquel tio con el que estaba.- asentí.-Según el abogado de mi padre, tengo más posiblidades de acabar en un reformatorio que la venta de bonobuses en NY.-observé desinteresadamente mis uñas.- Pero ella tiene más que yo de acabar en la cama de alguien sin saber siquiera su nombre. Ah, perdón, ja, eso ya pasó. En cambio, lo mío no.- pegué media vuelta y salí de allí.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Bad Boys Love Good Girls 1/2

Irlanda

NARRA CLAIRE

De lejos ví a Chris. Se acercaba a mí sonriendo. Inevitablemente, me contagió su sonrisa y me sonrojé.
-¿Qué haces aquí? Es temprano- preguntó
-Lo mismo te podría decir.
-Protegerte.
-¿Protegerme? ¿De quien?
-De ese.- señaló dirección opuesta y vi a Gary. Respiré hondo. Entonces noté un brazo rodear mis hombros.- ¿Necesitas algo, Gary?
-Deja a la chica, ella no merece a un intento de motero barato.
-Creo que ella ya ha elegido.- dijo ya que sin darme cuenta había aferrado a su cintura.
-Eso ya lo veremos.- murmuró. Y se fue. Me separé rápidamente de él.
-Lo siento, Christian.
-Llámame Chris.
-No, no. Ems…déjalo, prefiero guardar las distancias.
-¿No pensarás que tengo novia?- intuyó.
-No, es sólo que prefiero guardar las distancias, solo eso.- repetí. Percibí un atisbo de decepción en sus ojos.
-Sin problema.- dijo sin mucha convicción.
-Gracias.- entramos juntos al instituto. Todas las miradas se posaban en nosotros. Bajé mi mirada al suelo. Todos susurraban a nuestro alrededor. Las clases pasaron normales hasta que salimos. Chris no me dejó sola ni un momento, por lo que oyó lo que susurró Gary en mi oído.
-Nos vemos en tu casa.- quedé helada y él soltó una risilla pervertida.
-¿Cómo sabe donde vives?- tronó mi compañero.
-No…no lo sé…yo no sé lo he dicho…yo no.- balbuceé.
-Eh, mirame.- me giró cogiendome de las mejillas.- Todo va a estar bien, ¿vale?- asentí.- Te llevaré a mi casa y no rechistes.- me calló. Tragué saliva y volví a asentir. Me cogió de la mano y me llevó hasta su motocicleta. Se puso el casco.- Primero iremos a Starbucks. Voy siempre a comer allí.- mencionó mientras me pasaba otro. Me lo puse. Nos montamos y arrancó. La verdad, estaba aterrada. Nunca monté en una de estas hasta ahora. Llegamos al establecimiento y aparcó en la puerta. Se bajó rápidamente y me ayudó a bajar a mí dándome la mano. Entramos al lugar. Olía ligeramente a carne de vacuno y, cabe mencionar que soy vegetariana.
-Chris, yo…- se me escapó.
-Lo sé. Pediré una ensalada.- se encogió de hombros.
-¿Y para ti?- me interesé.
-Nada, hoy comí demasiado en el almuerzo.
-Si por demasiado te refieres a nada, entonces has reventado.- él rió.- Además, si me atacan y no tienes fuerzas ¿quién me va a defender?- añadí. No contestó a mi pregunta, pero si a la del dependiente.
-Claire, ves eligiendo un sitio, el que más te guste, ¿vale?- asentí y obedecí.

NARRA CHRIS

-¿Entonces es tu novia?- preguntó el chico de la caja en referencia a mi acompañante.
-Algo así.- la miré. Ella tenía la mirada perdida en la calle.
-Es hermosa. Hacéis buena pareja.- halagó.
-Ya lo creo.Si estuviéramos juntos, seríamos la pareja perfecta.- me volví.- ¿Y qué tal te va a ti, Billy Elliot?
-No es mi culpa que sacaran una película con mi nombre. Échale la culpa al director de la película o a mi madre.- desde que me dijo su nombre no podía dejar de llamarlo así.
-No puedo evitarlo, Billy.- sonreí de forma burlona. Suspiró y se limitó a responder.
-Me va bien con Michael.- solté una carcajada.
-Es que además sales con un chico que tiene el mismo nombre que el amigo de Billy Elliot.- no podía parar.
-Ya vale, Chris.- se cruzó de brazos, serio. Entonces llegó el pedido.- Espero que tu novia lo disfrute y que tú te atragantes.- dijo entregándomelo.
-Pero si me amas.- me defendí.
-En tus sueños, Tyler, en tus sueños.- lo dejé mientras soltaba otra carcajada. Caminé hasta la mesa donde estaba la dulce chica
-Tu ensalada.- se la extendí.
-Gracias.- tímida la cogió y comenzó a comerla. No dijimos nada en un rato hasta que ella soltó el tenedor y se llevó las manos a la cabeza.
-¿Claire? ¿Te encuentras bien?- me levanté y fui a su lado.
-No, es decir, si- se corrigió rápidamente.- Pienso demasiado. Le doy demasiadas vueltas a las cosas.- se presionó más las sienes con las manos y agachó la cabeza.
-¿Puedo ayudarte?- levantó la cabeza lentamente.
-Si.- respiró hondo y empezó.- Sigo sin entender porque Jackie decidió protegerme. ¿Por qué a mí? ¿Por qué ella? ¿Por qué tú?- sonó desesperada. Por propia experiencia, sé la tortura que supone la incertidumbre.
-Tú. Toda tú. Eres igualita a Claire.- sonreí al pensar de nuevo en ella.
-Será porque soy Claire.- dijo como si fuera tonto.
-Lo sé, pero no me refiero a ti. Jackie tiene una hermana gemela.- abrió mucho los ojos.- Se podría decir que era a la única persona a la que ama, a parte de a su madre. Su padre las separó hace cuatro años. Siente la necesidad de cuidar de alguien, ya que no puede hacerlo con su hermana, te eligió a ti. Básicamente, porque eres muy parecida a ella. Y no solo físicamente, vuestro carácter es, muy parecido.- narré.
-¿Y qué tenías tú con ella?- cuestionó.
-Menos de lo que me gustaría, es decir, nada. Claire aquí no llegó a salir con ningún chico y eso me incluye.- la miré directamente a los ojos.
-¿Tú…- tartamudeo.- tú sigues enamorado de ella?- dijo nerviosa. Se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja y miró la inacabada ensalada.
-Alguien ha ocupado su lugar.- le alcé la barbilla con delicadeza para que me mirara.- Y ese alguien, Claire, eres tú.

NARRA CLAIRE

Después de su increíble confesión, junto nuestros labios, en el que sería para mí, mi primer beso. Esto no podía estar pasando, ¿y si nos pillaba Gary? ¿Me mataría después de violarme como amenazó? Temblé de miedo y Chris me pegó más a su cuerpo. Realmente con este chico se me olvidaba todo, pero lo estaría condenando a muerte. Me separé bruscamente de él en contra de mi voluntad.
-Esto no es buena idea, Christian.- me obligué a decir. Todo seguido, me levanté y corrí hasta la puerta de la salida.
-Claire, espera.- me cogió del brazo. Suspiré y me volví.- ¿Por qué no es buena idea?
-Lo sabrás, dentro de poco.- susurré.
-Por favor, Claire, no me hagas esto.- me abrazó y recostó mi cabeza en su pecho.- Sabes que también me amas, para que negarlo.
-No es por mí, Chris, es por lo que pasará si estamos juntos. Y no quiero que te ocurra nada malo.- murmuré cerca de sus labios.- No te vuelvas a acercar a mí o te matarán y para mí eso sería insoportable.- añadí. Me desprendí del abrazo y salí. Casualmente, cerca había un taxi, así que llamé la atención con la mano. Enseguida paró. Fue entonces cuando el chico reaccionó y corrió los pocos metros que nos separaban, pero ya era tarde. Me había metido en el taxi y me había dado la dirección de donde quería ir.- Arranque.- ordené al conductor y este piso el acelerador. Oí como gritaba mi nombre. Cerré los ojos con fuerza para evitar llorar. Acababa de dejar al que posiblemente fuera el amor de mi vida.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Alone

Irlanda
Narra Jackie
-¡Tú no eres mi padre! ¡Dejaste de serlo en el momento en el que te casaste con esa zorra! ¿Por qué moriste tú y no él? ¿Por qué?- grité desde mi habitación con la puerta cerrada y tan cerca de ella que rozaba la punta de la nariz. Pegué un puñetazo en la pared de al lado.- Mierda.- maldecí. Calculé una semana con los nudillos hinchados, pero nada mejor que desahogarme con la pared antes de cargarme a Josh y a su mujer. No quería acabar en un reformatorio lleno de mierda y con mi única hermana odiandome por haber matado a su queridísimo padre. Me senté en la cama, tratando de tranquilizarme, pero desde que regresé de Atlanta cada vez era más difícil y, por tanto, más frustrante. Respiré hondo. Eran las ocho de la noche de un día de domingo. Me sería imposible dormir a esas horas. Si llamaba a Chris o a Sam, sería todo un suicidio, como escribir mi muerte. ¿Mi padre en el piso de abajo, cabreado y ebrio? Muerte asegurada. Maura había ido a visitar unos familiares de por la zona y no llegaría hasta las nueve y media. Acabé acostandome y fijar mi mirada en el techo. ¿Qué había hecho yo para que mi madre muriera? ¿Y para que mi padre se casara con otra mujer? ¿Por qué se había empeñado tanto en separarnos hasta conseguirlo? Sonreí. Gran idea la que se me había ocurrido. Me levanté de un salto y corrí hacia los altavoces. Conecté el móvil y dejé que sonara, a todo volumen, Alone de Falling In Reverse. A pesar de lo alta que estaba la música, no pude evitar oír pesados pasos subir por las escaleras. Al poco, golpeó la puerta con fuerza mientras gritaba.
-¡Haz el favor de bajar la música, Jackie! ¡No estamos en una discoteca! ¿Quieres que los vecinos vuelvan a llamar a la policía o qué?
-¡Cómo si quiere venir el mismísimo Papa a decirme que baje la música! ¡Además todavía no son las doce, así que la policía no les hará ni puñetero caso, Josh!- odiaba que lo llamara por su nombre. Me imaginé su cara roja de ira y sonreí satisfecha.
-¡Jackie Elizabeth Pullman, apaga la música o tiro la puerta!- siguió. Arrugué la nariz. Al igual que él odiaba que utilizara su nombre, yo odiaba que me llamaran por mi segundo nombre. No quedaba bien.
-¡Tírala! ¡Total, pagas tú la reparación!- tendría que partir la puerta en varias partes para poder pasar, ya que había echado la llave y la había atrancado mediante un ingenioso sistema que me enseñó Chris. Al otro lado se hizo silencio, solo se escuchaba a Ronnie Radke. Sabía lo que se proponía y era mejor salir de allí cuanto antes. La única salida que tenía era la ventana. Una vez más. Impulsé mi cuerpo y me cogí de la rama. El árbol que había frente a mi cuarto a veces no podría ser más oportuno. Quedé colgando unos segundos hasta que me solté y caí bien al suelo. Un hormigueo recorrió desde la planta de mis pies hasta la rodilla, pero lo ignoré para salir corriendo hacía el parque. Una vez allí, me senté en uno de los bancos. Extrañamente, la calle estaba desierta y hasta bastante tiempo después no me dí ccuenta del motivo. Sin darme cuenta, estaba completamente empapada. Maldecí en mis adentros por ser tan estúpida. Me libré de la paliza de mi padre pero habría ganado una pulmonía asegurada. Me calé la sudadera cuanto pude y abrigué mi cabeza bajo la mojada capucha. Suspiré. No sabía cuánto iba a durar esto y no estaba dispuesta a volver a casa con el peligro de que me arrearan con un bate de béisbol y quedar como, seguramente, habría quedado la puerta de mi habitación. Había sido un error cerrar la ventana detrás de mí. Bufé y me levanté. Había pasado demasiado tiempo para mi poca paciencia. Iba a enfrentarme y si se atrevía a pegarme, me iba a defender, por muy padre que fuera mío. Para mi suerte, Maura ya había llegado, por lo que la puerta de la entrada estaba abierta, ya que no le había dado tiempo a cerrarla. Josh se habría tirado a besarla como un salvaje. Pasé y cerré la puerta tras mi paso. Subí q mi habitación y me cambié para no enfriarme. Afortunadamente, la puerta estaba intacta, pero la música estaba apagada. ¡Claro! "Estúpida", me dije y me dí una bofetada." No lo pusiste en repetición. Idiota, idiota, idiota", como siguiera así, no me iban a salir las jugarretas que Sam tenía preparadas para mis hermanastros, que llegaban en dos semanas. Me puse el pijama y me metí en la cama. Me agarré fuerte a la almohada y ahogué un grito contra ella. El nuevo récord me dejó exhausta. Casi dos minutos seguidos gritando no le deparaba nada bueno a mi garganta. Así que paré y, por extraño que parezca, caí dormida.

*Lunes*
El teléfono de mi habitación sonó. Mentalmente me apunté matar a quien había interrumpido mi sueño. Tanteé con la mano hasta que dí con la calavera y descolgué.
-Seas quien seas, más vale que haya estallado una bomba y no tenga que ir al instituto o que han plagado las calles de minas antipersonas y no pueda salir de casa para que me llames a estas horas.- amenacé.
-¿Te he despertado?- soltó Sam.
-No, que va. Si te parece soy drácula.- gruñí.
-Son las siete y cuarto, me parece increíble que estés todavía durmiendo.- su voz iba de la diversión a la desesperación.
-¿Para qué me llamabas?- pregunté.
-Claire acaba de llegar.- dijo.
-¿Tan temprano?- me incorporé.
-Si, está sola, ¿voy?
-No.- ordené.- Vigílala, pero no te acerques.- dije más lento.
-De acuerdo.
-Y si surge cualquier cosa, me llamas. No te mato porque se trata de ella, pero a la próxima que me despiertes, prepárate, porque tengo en mente cientos de maneras de hacerte sufrir sin tocarte.- quizá no tantas, pero me gusta exagerar. Oí como tragaba saliva.
-A sus órdenes, jefa.- y colgó. Dejé el auricular en su sitio. Realmente, me encanta este teléfono, básicamente no me costó ni un céntimo, ya se imaginan. Me dí una ducha de diez minutos, pasé al vestidor y me vestí:




Nada más salir, sonó de nuevo el teléfono. Lo cogí con brusquedad.
-¿Si?
-¿Jackie?- reconocí su voz al instante.
-¿Qué ocurre, Claire?- me alarmé.
-Estan aquí, se están acercando a mí. Esto no me gusta, Jackie. Aléjate. No, por favor.- escuché como sollozaba y una voz masculina.
-No te vamos ha hacer nada que te vaya a doler.- dijo hipócrita. ¿Se cree que nací ayer?
-Suéltala, cabrón.- avisé.
-Ven y quítamela.- provocó. Colgué rápidamente. Empecé a jadear. Me venía otro ataque de ira. Cogí la mochila y me la colgué de un hombro. Bajé las escaleras de dos en dos, ya que la barandilla no resbalaba gracias a los productos de limpieza de Maura. ¡Org!
-Jackie, pronto conocerás a tus hermanastros…- empezó ella desde la cocina. Pasé de largo.
-Como si eso me importará.- interrumpí y dí un portazo. La sangre hervía en mis venas. Claire una de las catalogadas nerds. Pero era mi protegida, como mi hermana pequeña. Podría ser un clon de mi gemela, la verdad. Corrí cuanto me dieron las piernas. Ahí en la entrada, Claire estaba acorralada por Gary. Le besaba el cuello y ella estaba tensa. Hacía unos terribles esfuerzos por no llorar. Lo cogí por los hombros y lo separé de ella, dejándolo pegado a su lado. Agarré el cuello de su camiseta, logrando que se levantara dos dedos del suelo.- ¡Te dije que no volvieras a tocarla!- de pura rabia lo lancé escalones abajo. No habían más diez, por lo que el golpe no pasaría a mayores. Claire sofocó un grito poniendo una mano en la boca. Bajé los escasos escalones para llegar al chico, que se retorcía de dolor. Me acerqué a su oído.- Y a la próxima, te mataré.- me levanté y me dirigí a mi protegida, pero Sam intervino en mi camino.
-¿Para qué un guardaespaldas, si estás tú?- bromeó.
-¿Se puede saber donde estabas tú a todo esto?- cuestioné con los brazos en jarra.
-Ems…jeje.- se puso nervioso.- Yo…
-¿Sabes? No me interesa. A partir de ahora se lo diré a Chris. Seguro está encantado.- palideció.
-No, no, no y no.- negó.
-La que manda en esto soy yo no tú y si prefieres irte de putas, antes de cumplir un pequeño favor que te pedí, adelante. Olvídate, ¿ok?- me irrité y seguí mi camino hacía Claire.
-Mary no es una puta.- chilló. "Es verdad, pero es una animadora" pensé pero lo ignoré.
-Ven.- agarré de la mano a la chica y me la llevé al baño.- Sé que odias maquillarte, Claire, pero tendrás que hacerlo para disimular los chupetones.- asintió. Se mordia el labio inferior y tenía una expresión triste.- Oh, no, venga.- por impulso, hice algo que llevaba años sin hacer. Abracé a aquella criaturita débil e indefensa. Lloró todo lo que le dió los ojos.- Ya está, ya pasó.- Gary no había llegado nunca tan lejos. Claire se apartó.
-Lo siento.
-No importa.- dije con mi más sincera sonrisa y acariciando su larga melena castaña hasta la cintura.
-¿Nuevo look?- sonrió con tristeza.
-Si, nadie se fijó.- mi cabello rubio había adquirido el color del mar. Y la verdad, era el mejor que me había hecho hasta entonces.
-Te queda bien.- halagó.
-Por algo me lo hice.- dije obvia, aumentando mi ego, lo que provocó que ella riera.- Déjame que te tape eso.- ella estiró el cuello y dejó que pusiera tres capas de maquillaje sin rechistar. Una vez acabé, salimos. Apoyado en la pared estaba Sam.
-Jackie, déjame explicarte.- suplicó, pero me mostré insensible.
-Vete con tu puta.- mascullé, pasando de largo e internandome, junto a la chica, en la gran masa de adolescentes que iban entrando en sus aulas. Me llamó a gritos, pero los gritos de los demás ahogaron los suyos.
-¿Discutieron?- cuestionó una voz detrás de mí, acompañada de una risita.
-¿Tan obvio es?- respondí girándome y haciendo que mi compañera hiciera lo mismo. De reojo percibí como pasaba del pálido al rojo fuego al ver a mi amigo.
-No, hay que ser tan adivino como yo para saberlo.- se burló.
-Odio tu sarcasmo en un día malo.- rodeé los ojos.
-¿Y que pasó hoy?- se cruzó de brazos y levantó una ceja.
-Me despertó.- hice un puchero.
-No puedo creerlo.- dramatizó.- Despertó a la bella durmiente. Debería morir por ello.- a Claire se le escapó una risilla, pero paró en seco en cuanto le dediqué una de mis envenenadas miradas. Chris sonrió complacido.
-Como me vuelva a seguir, juro que hoy no acaba el día.- refunfuñé.- Voy a saltarme la primera clase, ¿te apuntas?
-¿Estás de coña? ¿Cuándo te he dicho que no a eso?- se encogió de hombros.- ¿Y tú, Claire?- se revolvió incómoda.
-Gary va ha hacer novillos en la primera clase, así que no.- sonó entristecida. Yo sonreí.
-Ese cabronazo dudo que volva a acercarse a ti.- añadí.
-Prefiero no saberlo. En clase me sentiré más protegida. No quiero que pienses que contigo no, quiero decir…- repuso. Solté una carcajada.
-Sé a lo que te refieres, tranquila.- sonreí.
-El timbre está por sonar, ¿qué tal si te acompañamos al aula?- propuso mi amigo para llamar nuestra atención.
-Por mí bien.- sonrió ella.
-En marcha.- corroboré. Nos despedimos de ella una vez llegamos y fuimos a la cafetería.
-¿Por qué ella?- soltó distraídamente Chris.
-Supongo que me recuerda a mi hermana.- sonrió estúpidamente.
-Si, a mí también me lo parece  - nos quedamos callados.- ¿Qué pasó con Gary?
-Volvió a intentarlo. Lo tiré por las escaleras de la entrada. Casi lo mato.- suspiré. Se puso serio y apretó los puños.- Por eso peleé con Sam, porque no había estado atento. Si no te importa…
-A partir de ahora yo la vigilaré, no te preocupes.- me leyó los pensamientos.
-Gracias.- susurré
-¿Quién lo iba a decir?- lo miré.- Jackie Pullman dándome las gracias. Suena bien. Esa chica te caló. Si ahora te viera pedir perdón me preguntaría donde quedó la Jackie que yo conozco.- bromeó.
-Imbécil- le pegué levemente en el hombro. Él rió con ganas.
-Nunca cambiarás.- saqué mi agenda y comencé a pasar las páginas fingiendo estar atentas a ellas. Me miró sin entender.
-Tienes razón.- su mirada de inconfundible confusión se notaba a kilómetros.- Nunca cambiaré. No está anotado en mi agenda.- estallamos en carcajadas. No había nadie, ni las cocineras. Hablamos hasta que faltaron diez minutos para que se anunciará la siguiente clase. Así que fuimos a por Claire. Afortunadamente llegamos antes que Gary. Acompañamos a la chica hasta física y poco a poco se despejó el pasillo. Entonces recordé la clase de lengua que nos tocaba compartir a Chris y a mí con el ser más idiota que Dios fue capaz de crear: Kyle. El que empezó todo lo de Claire.
-¿Nos podemos permitir retrasar media hora?- pregunté.
-¿Y cuando no?- fue su respuesta. Dicho y hecho, nos retrasamos media hora, para ser justa, fueron treinta y cinco minutos. Chris abrió la puerta como si tal cosa y entró sin permiso, seguido por mí.
-Señor Tyler y señorita Pullman, se llama antes de entrar y se pide permiso.- bramó la profesora.
-Como sea.- replicó mi amigo.
-Agradezca que al menos nos hemos molestado en venir, que por nosotros pasábamos, pero ¿sabe? No quiero suspender y tener que aguantarle esa mancha que tiene por cara.- añadí. Eché un vistazo rápido por toda la estancia. Chris ya se había sentado, pero no me iba a sentar al otro lado ni muerta, ya que estaba Kyle. Si yo no podía con él, Chris menos.
-Pullman, hágame el favor de sentarse de una maldita vez.- chilló.
-Hágame el favor de quitar a ese indigente de ahí y me sentaré.- él abrió los ojos sorprendido.
-¿Así la haría más feliz?- me miró entrecerrando los ojos, amenazadoramente. Me encogí de hombros.
-Podría ser, pero es que el conjunto que lleva atenta contra la moda.- repuse. Oí como se le escapaba una risita a Chris. Me crucé de brazos, desafiate.
-No todo es lo que queremos, Elizabeth.- explotó.
-¿Sabe qué? He perdido todo interés por su clase.- coloqué bien la mochila en mi hombro. Me dispuse a irme y al pasar por su lado susurré en su oído.- Pero ya veremos como vuelve a casa. ¿Qué le pasará ahora a su querido coche?- antes de que contestara seguí mi camino y cerré la puerta de un fortísimo portazo, tanto que la pared templó, amenazando con desmigajarse como el pan.
Me senté en los escalones de la entrada, saqué un cigarrillo, el cual suelo fumar de camino al instituto, y lo encendí. El humo llenó mis pulmones. Dejé volar mi mente. Hasta que noté una presencia a mi lado. Levanté la mirada y la ví extendiéndome un vaso de cafetería con una mano mientras en la otra sujetaba el suyo. Lo agarré y se sentó. No era capaz de mirarme, no hacía más que fijar su vista en el vaso.
-¿Hay algo que quieras contarme?- supuse con ternura. Soltó un largo suspiro.
-No logro entender porque yo.
-Explícate.- insté. Volvió a suspirar.
-¿Por qué Gary y Kyle me eligieron a mí? ¿Por qué tú decidiste protegerme?- se desesperó. Sus dedos tambolireaban frenéticamente, con un nerviosismo palpable.
-No puedo contestarte a la primera pregunta, pero no sabría explicar bien el porqué a la segunda.
-Inténtalo.- alentó con visible ilusión.
-¿De qué hablan mis dos chicas favoritas?- saludó Chris. Claire se puso roja.
-De eso mismo, de cosas de chicas.- tiré el cigarro al suelo y lo pisé sin miramientos. Él hizo caso omiso a mi comentario y siguió.
-¿Qué te toca ahora, Claire?- se volvió a ella.
-Literatura.- su tono rubí se intensificó ante tal pregunta. Cuando, tiempo atrás, le pregunté por esa reacción, me respondió que no estaba acostumbrada a juntarse con chicos y que le costaría. No objeté nada y cambié de tema.
-Nosotros tenemos...- me miró. Yo era la que me sabía el horario de clases de memoria.
-Arte.- gruñó.
-¿Podemos saltarnos también esa?
-Si, y no me volvéis a ver. Josh ya estará enterado de mis faltas en las dos clases y estará que echará humo por las oreja.- bufé. 
-De acuerdo, iremos.- frunció el ceño.
-¿Y ahora qué?- me irrité.
-Nada, que me gusta enfadarte.- sonrió. Nos miramos fijamente, sin siquiera parpadear, durante algunos minutos.
-Mañana tengo que hacer el traslado, así que no vendré.- Claire abrió mucho los ojos.- Tranquila, este gorila te protegerá en mi lugar. Dudo que se distraiga tanto como otros.
-Gracias, por tu parte, eso es un cumplido.
-Tómalo como quieras, como si quieres rebozarlo y métertelo por el culo, por mí.- me encogí de hombros.
-Será mejor que vayamos entrando, Jackie. Faltan menos de dos minutos para entrar.- sugirió. Asentí. Nos levantamos y entramos de nuevo. Chris se ofreció a acompañar a Claire, así que deambulé sola por los pasillos por cinco minutos.
-Ya podrías haberte retrasado un poco más. ¿Tan inepto que no sabías volver?- me burlé. Profirió algo que preferí no entender. Cuando llegamos, la profesora todavía no lo había hecho. Nos sentamos juntos, al final de la clase. No tardó en llegar la señorita Frendick, una mujer que no llegaría a los treinta años. En esa clase aproveché para echarme un sueñecito. Frendick estaba tan acostumbrada a nuestras siestas que había terminado por pasar de nosotros. Entre clase y clase, llegó la hora de comer, donde, claramente, me metí descaradamente con la nueva novia de mi antiguo amigo. Lo que ocasionó una pelea y mi expulsión inmediata, ya que él es intocable. Llamaron a mi padre para que viniera a recogerme y Chris se ofreció a hacerme compañía mientras lo esperaba. Pero a recogerme a dirección no vino mi padre. Era un chico castaño,  medianamente alto y con una barba bien cuidada de una semana. Sus ojos eran azules y su expresión relajada. Si es quien creo que es, ¿que mierda hace aquí? ¿No llegaban la semana que viene? Chris me miró confundido y yo me obligué a asentir. Aquel era uno de mis hermanastros.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Prólogo II

15 de noviembre - Buenos Aires
Empecemos por el nombre: me llamo Claire Pullman. Tengo un padre vivo, una madre muerta, una amiga incondicional, a mi prima y a mi bebé que está por nacer. Siempre he sido la típica niña tranquila y que no llamaba la atención de nadie, la que no se altera y se preocupa en las sombras. La que queda entre bambalinas. A diferencia de Jackie, que siempre se ha dejado llevar por impulsos y orgullo. Ella es rebelde, no agresiva, bueno, normalmente. Siempre iba amenazando, pero cumplió pocas amenazas. Le gusta llamar la atención, y por su físico no pasa desapercibida, y menos por su carácter. Yo soy, más bien, tímida. ¡Ops, se me olvidaba! Acabo de cumplir los dieciséis, hace tres semanas. No he recibido llamadas por parte de mi familia. Tampoco pensaba recibirlas. Mi padre habrá llamado al internado de Londres, pero allí ya no estoy. Ahora vivo en el apartamento de Buenos Aires de mi mejor amiga con ella y mi prima, Belu y Ela. Me escapé del internado. Primero porque las chicas eran INSOPORTABLES y segundo porque quedé embarazada. Si, mi primer novio, mi primera vez y mi primer embarazo. Preferí que antes de que me expulsaran de por vida, irme yo. ¿Él? No sabe nada y prefiero que siga así. Lo amo pero no puedo permitir que quiera quedárselo o sufrir el rechazo, no eso nunca. Ellas me cuidan y, aunque no doy mucha faena, me gusta colaborar. Hacía años que no veía a mi prima, exactamente desde que se mudó aquí, y a Belu, una amiga desde la guardería, desde que volvieron a trasladar a su padre y se tuvo que ir. Confío en que pueda volver a ver a Jackie pronto. La echo de menos.

Prólogo I

11 de noviembre - _____
Me pidieron que hiciera una redacción sobre mi vida, ¿no? Pues aquí la tienen.
Se podría decir que mi vida se resume en dos palabras: puta mierda.
Vivo en Irlanda, tengo dieciséis y estudio en un instituto público. También tengo un padre al que odio y una hermana pequeña por quince minutos que amo sobre mi vida. ¿Qué por qué odio a mi padre? ¿Tú no odiarías a alguien que aprovechó tu ausencia y la de su mujer para casarse con otra? Mi madre murió cuando tenía tres años y hace cuatro, mi padre decidió que debiamos de cambiar un poco de ambiente Claire y yo. Por aquel entonces, mi mejor amiga había preferido rajarse las venas antes de estar conmigo. "Por mi bien" (por el suyo, ya que si estaba conmigo no ligaba), me mandó a Atlanta una temporada con una prima suya, aunque después terminé con su vecina. La vecina tenía dos hijos, uno de ellos de ocho o diez años, no me importa, que subía vídeos a Youtube y era famosísimo. La cuestión es que uno de sus amigos, cuatro años mayor, me presentó a sus amigos y la verdad, no eran gente muy recomendable. Ahí es cuando cambió mi comportamiento. Dos años después, volví. Resulta que cuando me envió mi padre a Atlanta, matriculó a mi hermana en un internado de Londres. Nos había separado. Y para colmo, se había casado con una tal… Marian…Maika…no, no, ¡Maura! Maura no sé que, creo que era Gallagher, pero es que tampoco es indispensable para mi supervivencia. ¿Pueden creer que después de dos años de matrimonio todavía no conozca a mis hermanastros? Que gente más informal. No me quieren decir ni su nombre, no es que haya insistido, pero por una vez que cuestione con desgana el nombre de sus hijos, me dijo que si me lo decía ya sabría quienes eran y la sorpresa se arruinaria. Mi vida está arruinada, ¿que más le dará decirme un puto nombre? Lo único que conseguí sacarle fue que ambos eran mayores que yo.
-¿De cuanto? ¿Setenta? Entonces no me interesa.- solté con ironía. Después de eso, mi padre me envió a mi habitación, como si tuviera otra cosa más que hacer. Estaría con mi hermana, pero el estúpido que dice ser mi padre me ha prohibido contactar con ella, vete tú a saber porqué. La echo de menos. En realidad, echo de menos pegar a alguien con algún motivo que tenga que ver con ella y gritarle cerca de la cara:
"¡Si vuelves a tocarla, juro que te mato!"