domingo, 23 de marzo de 2014

If Today Was Your Last Day 2/3

Irlanda

Narra Claire

Esperaba a Chris en un parque cercano a su casa mientras leía "Muerte De Tinta", el último libro de la trilogía El Mundo De Tinta. La verdad, estaba demasiado interesante como para darme cuenta del paso del tiempo. Decidí hacer un parón al terminar el capítulo. Cerré el libro, no sin antes marcar por la página en la que me había quedado, y suspiré. Levanté la mirada y me dediqué a entretenerme con los juegos de los pequeños. Reían, corrían y eran felices, no tenían preocupaciones más allá de sus juguetes. Eso era bonito. Querer crecer cuando tienes su edad y querer retroceder en el tiempo cuando llegas a la mía. Curioso. De los casi treinta niños que debían haber en el parque, una niña llamó mi atención. Se me cortó la respiración cuando volteó. Marqué el número de mi novio todo lo rápido que me dejaron mis torpes dedos. A los dos tonos ya había contestado.
-Christian, ya, al parque, ya.- dije casi en un grito antes de que pudiera decir nada.
-Princesa, ¿qué ocurre?- respondió alarmado.
-¡Hazme caso, que se va, joder!- me exasperé. Colgué. Hasta yo me sorprendí de haber dicho 'joder'. Pero tenía que entretener a la mujer hasta que Chris llegara. Me rompí la cabeza, pero no encontré nada que decirle. Hasta que la bombillita se iluminó. Corrí hasta la mujer y la llamé. Ella se giró.
-¿Qué ocurre, muchacha?- preguntó preocupada.
-¿No será por casualidad usted Claudia Schiffer?- formulé lo primero que me vino. Si, soy tonta. Bueno, tenía un aire. Mi madre la admira muchísimo.
-¡Ahora no puedo ir ni al parque con mi niña!- exclamó divertida. Espera, ¿había acertado? La pequeña me miraba con una sonrisa.- Si soy yo.- sonrió.
-¡Ay, no me lo creo! ¡No sabe cuantísimo la admiro!- exageré. Pero ella se lo tragó.
-Me disponía a irme a casa, ¿quieres acompañarnos?- ofreció.
-Oh, me encantaría, pero estoy esperando a mi novio.- me giré y lo ví llegar a toda carrera.- Que, por cierto, ahí viene.- lo señalé.
-Uy, por favor, hija mía. Si que tienes buen gusto.- se mordió el labio inferior mientras lo observaba.
-Pero tarda en arreglarse.- reí.
-Lo siento, amor.- se disculpó Chris dándome un casto beso en los labios.
-No pasa nada, cariño. La señora Schiffer me hizo una compañía muy grata.- sonreí falsamente.
-Uy, por dios, llámame Claudia.- sonrió coqueta. Vale, ya me estoy empezando a cabrear. Claire, relájate.
-Claudia, él es Chris.- lo presenté.- Amor, ellas son Claudia Schiffer y su hija.- fue ahí cuando el chico le prestó atención al motivo de mi llamado. Fue muy disimulado a la hora de tragar saliva.
-Un gusto.- sonrió forzadamente.
-El gusto es todo mío, créeme.- lo miró de arriba a abajo. Con esta mujer lo tenía todo perdido. Podía ser perfectamente su madre, pero ¿quién se resiste a una top model? ¡Estamos hablando de Claudia Schiffer!- ¿Me acompañan? Me disponía a irme a casa.
-Claro.- se apresuró a decir él.- ¿Van andando o las llevo a algún lugar?- dijo cortés.
-Tenemos transporte, gracias. Es más, el chofer nos espera. ¿Vienen?- insistió. ¿A qué venía tanta insistencia y tanta formalidad? Intenté ocultar mis celos con una sonrisa convincente. Nos pusimos en marcha. Justo en la acera de enfrente nos esperaba un coche que por lo poco que sabía, podía costar más del sueldo anual de un trabajador de la calle. Nos subimos a los asientos traseros. Los habían modificado de tal manera que una hilera de tres ocupantes quedara enfrente de la otra. Claudia y su 'hija' se sentaron de espaldas al conductor, mientras que nuestra anfitriona nos dejó sentarnos en los otros. Me fijé en la niña. Era igualita a Chris. Sus mismos ojos profundos y la misma sonrisa que me dedico cuando notó que la observaba.
-Debo decir, Claudia, que su hija es realmente preciosa.- sonreí.
-Oh.- rió.- Ella no es mi hija, querida. Mi pequeña Nancy es adoptada. Dono dinero a un orfanato, ¿sabes? Siempre me avisan cuando entra un niño nuevo y voy a visitarlo. Cuando fui a ver a Nancy…quise adoptarla yo misma. Se veía tan indefensa, tan débil y tan delicada que no creía que mereciera más que a mí. Ya hace dos años que estamos juntas, ¿no es así, pequeña?- la niña asintió sin despegar la sonrisa de su rostro.

Narra Chris

¡Tanto esfuerzo y dinero invertido para que ahora mi hermana esté a dos kilómetros de mí! No es posible. ¿Cómo? No lo entiendo. Nancy me miraba con esa cara suya tan risueña, ese ambiente inocente que se respiraba a su alrededor…era único. ¡Dios, sabía que la había echado de menos, pero nunca creí que tanto! Balanceaba los pies para adelante y para atrás en un signo de timidez que siempre hacia cuándo nuestros padres traían gente extraña para nosotros a casa. No podía apartar la vista de ella. Me era imposible. Tenía demasiadas ganas de hacerle de todo- no piensen mal, es mi hermana.
-Llegamos.- sentenció la modelo. El auto estacionó y nos apeamos. La mujer volvió a coger de la mano a su adoptiva hija, pero ella se soltó rápidamente y vino hacia mí. Hizo que me agachara hasta su altura con una seña del dedo.
-Los verdaderos hermanos siempre se reconocen.- susurró en mi oído antes de salir corriendo hacia algún rincón de aquel paradisíaco jardín. Me…¡me había reconocido! ¡Lo había hecho! El corazón rugió en mi pecho y amenazó con despegarse de mi cuerpo. No pude ni ponerme derecho. No pude casi ni respirar, todo el aire huyó de mis pulmones. Solo alcancé a alzar la cabeza y decirle a Claudia con una mirada penetrante:
- Devuélvemela.

Londres

Al final si que fui con Niall. Y debo decir que este chico es increíblemente fantástico, aunque las cosas en un principio fueran mal…
A las cuatro me empecé  a preparar y a las cuatro y media ya estaba duchada, vestida y con todo preparado. Esperaba ansiosa la llamada de recepción diciendo que Niall me esperaba. Esa llamada llegó un cuarto de hora antes de lo esperado. Apresuradamente contesté, intentando mantener un tono neutro.
-¿Si?- pregunté desinteresada.
-La esperan.- y colgó. Supongotendría cosas más importantes que hacer como enseñar más el escote que hablar conmigo. Yo tampoco quería perder mi tiempo con esa tipa. Nunca me cayó bien y por lo visto yo tampoco le caía a ella de lo mejor. De seguro Jamie le caía mejor. Bajé y no me esperaba quien yo esperaba. Jamie estaba en lugar del otro rubio.
-¿Qué quieres, McGregor?- solté.
-A parte de a ti, una respuesta. De lo que te dije ayer.- sonrió cínicamente.
-¿Sabes una cosa? Los rumores de loa que hablabas ayer. Sobre ellos te diré algo. Los rumores son creados por enemigos, difundidos por tontos y aceptados por idiotas.- crucé los brazos sobre el pecho.
-¿Perdón? Eso a sido una indirecta demasiado directa. Para ser hombre soy bastante más listo.- evocó su ego. Típico de él.
-En realidad no. Incluso tu hermano de tres años se da cuenta de muchas más cosas que tú.- sonreí con ironía. A modo de respuesta me miró de arriba abajo.
-¿Saldrás así?- preguntó serio, aunque enarcando una ceja, volviendo a mirarme a los ojos. Hostias que ojos. Algo en mi estómago se removió. Aparté la mirada, resignada. No podía aguantarsela, era superior a mí solo en ese sentido.
-No eres mi padre para decirme como tengo que ir vestida.- susurré sin mirarlo
-Lo sé…si fuera tu padre no podría hacer esto.- de improviso, atrapó mis labios con los suyos. Abrí los ojos de forma que casi se me salen de las órbitas. Intenté safarme, pero lo único que conseguí fue que pasara un brazo por mi cintura, pegándome a su cuerpo, y con una mano presionara mi nuca para evitar mi huida. Le pegué, le empujé, pero nada sirvió, era más fuerte que yo con una diferencia aplastante. Al fin se apartó. Lo abofeteé.
-¡Eres un imbécil!- le grité. La furia corría por mis venas.
-¡Vamos! Ahora me dirás que no te gustó.- dijo sarcástico.
-Obvio que me gustó, idiota. Él que no me gustas eres tú ¿o acaso eres sordo? No me gustas, joder.
-¿Entonces quien? ¿Quién es mejor que yo?- interrogó visiblemente desesperado.
-Muchos, hay muchos que son mejores que tú por ahí, ¿sabes por qué? Porque no se necesita nada para ser muchísimo mejor que tú.- fruncí el ceño. Eso pareció dolerle. Pero no me importó.
-Lo ha conseguido.- murmuró.- Ese maldito lo consiguió otra vez.
-No, Jamie, no te das cuenta. Él no es el problema. El problema eres tú, pero eres incapaz de reconocerlo. Es más fácil echarle la culpa al otro, ¿no? ¡No! Si tú eres un engreído, un egoísta, un egocéntrico y un…creído, nunca conseguirás a una chica que no sea rubia teñida de esas fáciles y que han pasado por las camas de todos los hombres del país y tendrá más babas en su boca de los demás que suyas propias.- dije de carrerilla. Suspiré al terminar. Él estaba estupefacto.
-Así qué, ¿eso es lo que piensas sobre mí? ¿Crees que soy un engreído, egoísta y creído?- preguntó apenado.
-No es lo que piense, Jamie, es lo que demuestras, como actuas. Te crees la gran cosa, que todas caerán rendidas a tus pies con solo mirarlas, pero en realidad no eres nadie. Te comportas así porque tienes miedo de quedarte solo. Si de verdad con los que vas son tus amigos, jamás se irán. Pero si al mínimo peligro, al mínimo cambio o a la mínima dificultad, se alejan, esos te han querido por interés. Popularidad, fiestas, accesos restringidos, peligros, chicas…hay muchas cosas que empujan a la hipocresía. Tú eres un hipócrita. Tal vez porque quienes estan a tu alrededor también lo son o porque siempre fuiste así, quien sabe.

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