Irlanda
Narra Zayn
Harry me miraba entre expectante y sorprendido. En eso la puerta se abrió y entró Liam gritando como loco y dando saltos.
-¡Aprobé, aprobé! Ya tengo el carné de conducir, lo tengo, whooooo.- chilló.
-Enhorabuena, amigo.- nos lanzamos a abrazarme. Sabíamos que era todo lo q él quería desde siempre, el carné de conducir.
- ¡Y además mi primo se casa!- añadió. Me quedé confundido.
-¿Pero irás solo?- pregunté.
-No, está claro que no, Zayn.- sonrió.
-Entonces…- intervino Harry.- Sophie esta en Las Vegas, haciendo…
-Diseñando, bueno ejerciendo de ayudante de diseñadora.- se encogió de hombros.- Tengo en mente a otra persona.- dijo pícaro.
-¿A quién, a quién?- empezó a dar saltitos Harry, deseoso de saberlo.
-¿En serio quieres saberlo?- enarcó una ceja por el simple placer de hacer rabiar a nuestro ruliento amigo.
-Si, si, si.- dijo ansioso.
-Vale, vale, pero quiero decírselo yo, no quiero que se entere por vosotros.- condicionó.
-Como digas, pero dinoslo ya. Muero de curiosidad.- dramatizó.
-La persona es…- hice como un redoble de tambores con los dedos.- Jackie.
-¡¿Jackie?!- gritamos a la vez.
-¿A quién más conozco aquí? Chicos, era obvio.- respondió él como algo normal. Nos miramos boquiabiertos.
-Pero…¿crees que va aceptar?- preguntó con cautela.
-Hay comida y bebida gratis e incluso barra libre para después. No creo que diga que no.- se encogió de hombros.
-Pues ves corre a preguntárselo y salimos de dudas, imbécil.- chilló Harry. Liam se sobresaltó y salió por la puerta tan rápido como pudo.
Narra Jackie
Todos los días iguales. Que asco de vida. En mi casa después de una estresante semana. Sola. En la cocina. Con un bote de nata montada en mi mano y ofreciendo a mi estómago generosas dosis de azúcar. Me apoyé sobre el banco de la cocina y fruncí el ceño. Hacia tiempo que no comía la nata de esa manera tan propia de mí, prácticamente desde que llegaron esos inútiles mi vida. Lo único que hacían eran agotar existencias y mi paciencia, ya de por si poca. Estaba por pegarme un tiro. No, no, no. Otra vez no. Un pinchazo en la sien vino acompañado con su recuerdo.
-Puta.- murmuré entre dientes. Siempre atormentando. ¿No podría darse unas largas vacaciones? Estaba por despedirla, pero es como los que no aceptan ese despido y al día siguiente los muy pringados, estan volviendo al trabajo. Ese era el trabajo de la niñata infame. Y allí estaba otra vez, de pie delante de mí, con su estúpida sonrisa burlona que me daban ganas de borrar a base de toda clase de agresiones, desde las bofetadas a los apuñalamientos. Parpadeé y me subministré otra tanda de nata hasta casi asfixiarme. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era un gilipollez, que todo estaba en mi puta cabeza, pero no había forma de alejar a la estúpida zorra de mis desgastadas neuronas a causa del alcohol.- ¿Qué coño quieres ahora, maldita?- dije con desgana.
-Llevarte conmigo.- respondió como afónica. Si, eso creo que fue por la idiotez que cometió antes de yo irme a Atlanta.
-Eso me lo dices siempre. Cambia un poco el guión, amiga.- me burlé. Ella frunció el ceño.
-Puedo desvelarte secretos, Jackie. Sé donde está tu hermana y cosas de tu pasado que nadie sabe.- sedució.
-Ahora viene la parte en que me creo todo eso y acepto tu trato, ¿no?- asentí.- Lo siento, pero mi alma esta vendida a Lucifer. Él me nombró, a cambio de ello, Pandora, que ya es decir.- ella no relajó su expresión.
-Él no puede decirte nada de lo que yo puedo decirte si vienes conmigo.- volvió a intentarlo.
-Me da que paso, Hasmy.- comencé el ascenso hacia mi habitación. Una vez en ella cerré la puerta y me senté en la cama, cubriendo mi rostro con mis manos. Odiaba a Hasmy. Era más cruel que yo. Ella trataba a las personas como si fueran mierdas. A ver, yo las trato igual, pero lo de esa chica era de estar en pleno apogeo mental. No carburaba. El alcohol consumió todas sus neuronas y la maria que se fumaba, combinada con la heroína que se esnifaba no es que contribuyera mucho a mejorarla. Pero, a pesar de todo, era mi mejor amiga. Después me volví algo parecido a ella, sólo que yo no era tan idiotamente estúpida como para mezclar tanta mierda en mi organismo. Dicen que quienes mueren jóvenes dejan un bello cadáver, pero voy a discrepar…¡Y una mierda como la Casa Blanca! El cadáver de Hasmy Hawk era horrible, el peor de todos, después del del irreconocible Paul Walker, con todos mis respetos, adoraba a ese hombre. Y ahora su puto fantasma no me dejaba vivir.
-Jackie.- me llamó.
-No, soy gilipollas, ¿quien sino?- sarcasmo.
-Ella morirá si tú no vienes conmigo. Ella sufrirá y morirá y nunca más podrás volver a verla.- dijo con una sonrisa cínica delante de mí.
-¡A quien no quiero volver a ver es a ti, puta loca!- chillé poniéndome en pie.- ¡Ya podrías dejarme en paz de una santísima vez!- estaba roja de ira y veía venir un ataque otra vez. Empecé a dar puñetazos. Si su voz era tan real, ¿porque no lo podía ser también su cuerpo? En el fondo yo sabía que no era así, todo era mentira. Clavé el puño en la pared y lo retiré con todos los nudillos sangrando y llenos de astillas.- Te odio.- grité a pleno pulmón. Y pegué con el otro puño a la pared tantas veces como quise. Básicamente la utilicé de saco de boxeo. La adrenalina que recorría mi cuerpo me impedía sentir dolor y cansancio. De un momento a otro, me desplomé y quedé como los muñecos de Toy Story. Mi respiración era acelerada. Apoyé la cabeza en la pared e intenté acompasarla. Tenía los ojos cerrados, no quería ver mis nuevos guantes rojos. Al final lo conseguiría, conseguiría que me fuera con ella. Pero no quería. Todavía tenía cosas que hacer. Intenté ponerme en pie, pero las rodillas me temblaban y las manos me dolían cuando las apoyaba para tomar impulso. No desistí. Verdad que me dolía, pero iba a desangrarme como no hiciera algo. Y entonces me iría con ella. Unos pasos apresurados a lo lejos hicieron falta para saber que no había movido ni un músculo. Seguía con la cabeza apoyada y los ojos cerrados. Después un chillido ahogado. La voz de un chico que me era familiar y a la vez no.
-Jackie.- me llamó alarmado.- Por favor, ¡contesta!- gritó desesperado.
-Te odio.- conseguí decir sin abrir los ojos.
-A mí y a todos, lo sabemos.- chilló.
-A ti no.- abrí los ojos. Sentía que mis manos eran corazones que bombeaban. Gruñí al levantar la mano y con un dedo señalar a la chica, que, con los brazos cruzados, disfrutaba de mi sufrimiento.- A ella.-Liam se giró, pero no vio nada.
-¿A quién, Jackie? Aquí no hay nadie más que tú y yo.- tragó saliva.
-¿Cómo te sientes, princesa?- sonrió burlona.
-Siento que te odio.- apreté los dientes.
-Cambia el guión, amiga.- repitió sonriendo de lado.
-Si pudiera te partiría la boca por repetirme.- amenacé.
-¿Tú crees? Apenas le pegas a un niñato del tres al cuatro. ¿Qué fue lo máximo que hiciste, eh? Pasaste la duana con una tonelada de droga, ¿y qué? Yo lo hacía continuamente.- aumentó su ego.
-Si, la pasé, pero no me enganché a ella. Matabas por tener un gramo de cocaína. Literalmente.- me mofé.
-No me digas lo que hice, niñata. Te volviste una oxigenada, como todas las demás.
-Oxigenada será tu puta, porque yo no.- murmuré visiblemente cabreada.
-Jackie, te sugiero que te relajes y…
-Cierra la boca y no te metas en esto.- interrumpí, intentando incorporarme de nuevo. Pero fue un intento fallido. Me volví a desplomar. Había perdido demasiada sangre.
-No te muevas.- ordenó. Desapareció en mi baño y a los segundos, apareció de nuevo. Me negué a que me tomara en brazos, como sabréis, ODIO el contacto físico, así que pasó un brazo mío sobre sus hombros y me llevó al baño. Hizo que me lavara las manos, medio me las lavó él, ya que la poca fuerza que me quedaba la había gastado en el corto camino hasta allí.
-Sepárate.- gruñí al notar que sus brazos rodeaban los míos y mi espalda chocaba contra su pecho.
-¿Y dejar que te caigas? No, gracias. Dios mío, ¿qué hiciste?- afirmó inflexiblemente.
-Lo que le voy a hacer al siguiente que me toque más de la cuenta, vamos, en cuanto tenga energía como para pegarte una paliza.- avisé.
-Pues vaya, que gracias más particular.- se burló.
-Ja-ja, muy gracioso.- lo miré mal. Se separó de mí y creí caer. Rápidamente me cogió de la cintura para evitar mi caída.
-Con cuidado.- susurró en mi oído.Apreté fuerte la mandíbula. Tenerlo tan cerca era repulsivo, con todas las letras. No sé como lo amaban.- Así vas bien, muy bien.
-No soy idiota.- reproché entre dientes. Él rió amargamente.
-Ya lo sé. Eres la persona más inteligente que he conocido. Y con más capacidad de amenaza también.- añadió.
-Ya deja eso o sino, conseguiré una orden de alejamiento por agresión sexual.- amenacé.
-¡Encima de que te estoy ayudando!- gritó. Me sentó en la cama y se arrodilló delante de mí.
-¿A qué viniste?- cambié de tema.
-Vine a pedirte una cosa.- sonrió. Enarqué una ceja, a la espera de su propuesta.- Me gustaría que me acompañaras a la boda de mi primo.
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