martes, 25 de febrero de 2014

Torn 3/3

Irlanda

Narra Jackie

Acepté ir a la boda del primo de Payne, ¿y qué? ¡Había barra libre! Bebidas gratis durante toda la noche. Era tentar demasiado. Lo malo era avisar de un día para otro. Literalmente. Al día siguiente era la boda. No soy de ese tipo de chicas que se escandalizan "¡¿qué me pongo?!". Bermudas no, está claro nena. Mi mundo no es el de los vestidos, pero alguno encontraría en el armario que no fuera totalmente negro. Demasiado oscuro para una vida de día. Solo había uno que cumpliera las características. Honestamente, no sabía de su existencia. Sonreí de lado y me mordí el labio inferior al pensar en cómo me quedaría puesto. Preveía un día largo, muy largo. Me acosté por lo que me esperaba. Me levanté pronto, sin recordar las mierdas que soñé, como siempre. Para mi sorpresa, nótese el sarcasmo, eran las once menos cuarto y Payne pasaba por mí a las doce. Dah, seguro que no necesitaba tanto tiempo. Me metí en la ducha y dejé que las gotas corrieran por mi cuerpo. No duré ni quince minutos. Me cansó pronto y más de un lugar de reducido espacio y, además, resbaladizo. Recuerdo esa vez en Atlanta que llené el suelo de las duchas de jabón y mantequilla. Una se rompió el coxis. Eso por zorra. Me puse el vestido, con sus correspondientes complementos y bajé. Greg, en cuanto me vio, escupió todos los cereales que tenía en la boca y la abrió de tal manera que un tráiler cogería perfectamente. Y mi puño también, a decir verdad. Sorprendentemente, en mis puños no había marcas de lo que pasó ayer. Deben de estar acostumbrados de las palizas que dieron en Atlanta. Todavía estaba en forma. Faltaban alrededor de veinte minutos para que llegara Liam y estaba claro que Greg no me dejaría subir a entretenerme con el señor Jack Daniel's.
-¿A dónde te crees que vas así?- chilló.
-A un puticlub. Me llamaron porque una de las putas enfermó y me necesitan como relevo.- inventé con sarcasmo. Sus ojos se abrieron de manera desmesurada.- Y te lo creíste como un imbécil.- me miró mal.
-Ahora enserio, ¿dónde vas?- cuestionó más seriamente.
-Te han pinzado el cerebro si crees que te lo voy a decir.- exageré. Una mirada de desapruebo sustituyó la anterior.- No creía que te hubieras caído por las escaleras esta mañana. Eso sería reciente. Lo tuyo es de nacimiento.
-Vayas donde vayas, te violarán con la mirada- se metió otra cucharada de cereales en el enorme agujero que se suele llamar boca.
-Se les quitaran las ganas, ya lo verás. Es solo cuestión de tiempo, dah, de segundos. O en cuanto vean que sus pantalones estan en llamas.- sonreí cínicamente.
-Estas loca.- rodó los ojos y se cargó otra cucharada.
-Dime algo que no sepa.- dí media vuelta, decidida a que la compañía de un JB era mejor que la de ese tipo. Justo cuando subía por las escaleras, llamaron al timbre. Suspiré y bajé. Abrí la puerta sin preguntar. Frente a mí estaba el chico de los ojos castaños. Y se quedó mirando dos cosas que habían después de mi cuello.- Mis pechos dicen que me miren a los ojos, Payne.- me burlé. Oí la risita de Greg desde la cocina. Con dificultad, deslizó su mirada hasta mis ojos.
-Whoa.- solo dijo.
-¿Nos vamos?- pregunté impaciente.
-Eh…si, si. Vamos.- desvió su mirada hacia otro lado.- Perdón.- logró articular.
-Lo que me espera.- bufé. Salí y cerré la puerta detrás de mí. No llevaba bolso, ¿para qué? Las llaves estaban bajo el felpudo y el móvil no lo necesitaba. ¿Maquillaje? Nunca me pongo, no utilizo caretas, no entra en mis principios. Él no preguntó. Me abrió la puerta del copiloto como todo un caballero. El traje de pingüino no le sentaba del todo mal. Se sentó al volante y condujo hasta donde sería el banquete. Fuimos los primeros en llegar, ya que pasamos de ir a la iglesia, mejor dicho, la única condición que puse para venir era no ir a la maldita misa. No por nada, solo que no me gusta ese sitio. Salimos del auto y él se sentó en el capó del deportivo rojo.
-Espero que no hayan paparazzis.- soltó una risita.- No quiero que piensen que le estoy poniendo los cuernos.
-¿Y por qué no invitaste a tu novia en vez de a mí? Me habría ahorrado el irritante sermón de Greg antes de que llegaras.- me revolví molesta.
-No creo que aceptara venir de Las Vegas solo por una boda. Es diseñadora. A lo mejor oiste hablar de ella. Se llama Sophia Smith.- mencionó orgulloso. Pero de una tía así, yo no estaría orgullosa. Obvio que oí hablar de ella. Dirán, ¿de ella si, pero de LIAM PAYNE no? Pues así es.
-Creí que ella salía con Dereck, su ayudante.- confesé. Él rió.
-Se les ve mucho juntos, si. Es la única persona que le cae bien de allí.- sonrió. Le quité el móvil del bolsillo sin miramientos ni pedir permiso.- ¡Oye! Devuélvemelo.- exigió. Pero lo ignoré. Descifré las contraseñas, no fue muy difícil y entré a Internet. Claire me lo enseñó días atrás durante la comida y puedo decir que mi ensalada de pollo sintético se echó a perder. Le enseñé lo mismo que ella me mostró. Sus ojos salían de las órbitas.
-Si, le debe de caer de puta madre como para acostarse juntos.- dije con sarcasmo.
-Tiene que estar trucada, no puede ser…- cubrió su boca con una mano. Una lágrima amenazaba con salir.
-Lo siento, Liam.- murmuré. Quité la imagen de la pantalla y le devolví el móvil. Sus ojos estaban tan cristalizados que el color se tornó siete tonos más claros. Antes de derramar la primera lágrima, se los frotó y sus facciones se tensaron.
-¿Por qué me lo enseñas?- preguntó.
-Porque tienes derecho a saberlo.- respondí sin vacilar. Entonces pensé en él y en cómo me hubiera gustado que alguien me lo hubiera dicho. Bajé la cabeza y tragué sonoramente. Tenía un nudo en la garganta.
-Espera.- saltó. Levanté la cabeza alarmada.- ¿Me llamaste Liam y no Payne?
-Me asustaste.- le dí un leve golpe en el hombro.- ¿Tienes algún problema si lo hice?
-No.- negó.- Es más, me gusta. Dicho de tu boca incluso suena…sexy- rió. Lo asesiné con la mirada.- No, no quería decir eso. Suena bien, dejémoslo ahí.- corrigió.
-Si, mejor dejarlo ahí no vayamos a liarla el día más feliz de tu primo.- le saqué la lengua como niña chica y él volvió a reír. A poco, empezaron a llegar coches y coches, así que nos tuvimos que entrar al restaurante para que no nos atropellaran. Los invitados fueron entrando. Whoa, eran demasiados. Y ninguno sobrepasaría los veintitantos. Pongamos treinta al que más.- ¿Dónde están los viejos?
-Tomaré eso con humor. Los padres, tios y demás celebraron ayer la boda.- sonrió divertido.
-Pues vaya. Y ahora fiesta, ¿no? Va a ser una absoluta locura.- negué con la cabeza.- Me gusta.- me mordí el labio inferior y sonreí satisfecha.
-Nos lo vamos a pasar realmente bien.- rió. Nos sentamos en la mesa que nos asignaron. Todos los hombres me miraban y cuando digo es hasta el mestre. Creo que incluso llamaron a los cocineros para que me vieran y me desnudaran con la mirada. Cuando una está buena, está buena. Las chicas que habían se podría decir que no enseñaban tanto como yo ni eran la mitad de atractivas que yo y seguramente tampoco tendrían ni la cuarta parte de mi inteligencia. Liam parecía divertirse con ese hecho.- Me juego lo que quieras a que el que no sea gay quiere acostarse contigo ahora mismo.- susurró para que ningún otro escuchara
-Y los que sean gays también.- respondí en tono normal. Lo que despertó sus carcajadas.
-James, no nos presentaste a tu novia.- dijo un chico rubio que estaba frente a él cuando terminamos el postre.
-Bueno, no es exactamente mi novia.- corrigió Liam.
-Llamémoslo amigos con derechos.- contesté yo sin inmutarme. Pero todos mis sentidos estaban a la defensiva, totalmente alerta.
-¿Pero no tenías novia, James?- siguió aquel chico.
-Odia que le llamen por su segundo nombre.- intervine.
-Raphael, ella es Jackie. Jackie, él es mi primo pequeño.- nos ignoró.
-Encantado, Jackie. Para tu información, debí ser yo el padrino, pero el ratero de Peter se volvió ayer de guerra y hubo un ligero cambio de planes.- dijo con desdén.
-¿Peter volvió?- sonó extrañamente sorprendido.- Eso es fantástico. Vamos Jackie, te lo presentaré.- me cogió la mano y nos dirigimos a la otra parte del salón. De espaldas a nosotros estaba el famoso Peter.- Freeman.- lo llamó. El chico giró y reprimí un grito.
-Parece que impresioné a tu pareja, Payne.- se burló. No me reconoció. Obvio, ¿cómo iba ha hacerlo después de cuatro años?
-Por algo será.- torné a mi postura indiferente. Él rió.
-Me da que me he perdido, preciosa.
-Que mala memoria. Ni siquiera pasaste por casa a saludar.- crucé los brazos sobre el pecho.
-No, pero si quieres vamos a la mía.
-No quiero ser ni voy a ser una de tus chicas, primo.- me burlé.
-¿Cómo qué…?- dijo Liam. Me miró y después al chico que tenía enfrente, el cual había fruncido el ceño, examinandome más detenidamente.
-No puede ser.- gritó.
-Depende. Claire no soy.- me encogí de hombros.
-No, Claire nunca se pondría un vestido como ese. Tapa menos que un taparrabos.- exageró.
-Pues bien que babeas hace cosa de segundos, aunque seamos primos. Y sigues babeando.- contraataqué.
-A ver si me aclaro.- cortó Liam.- ¿Sois primos?
-Hoy estás más corto que las mangas de un chaleco, Payne.- rodé los ojos.
-Ya se acabó el chollo de llamarme Liam.- suspiró.
-Más bien.- sonreí con una falsedad palpable. Volví la atención a mi primo, que tenía el rostro blanco como si hubiera visto un fantasma.
-Jackie, no te gires.- avisó.
-Peter, los novios te reclaman.- rió una nueva voz. Me ergí y todos mis músculos se tensaron. El vello de los brazos se me puso de punta. Justo él tenía que estar aquí. Cerré los puños y los ojos fuertemente, contando hasta que llegué a setecientos en cuestión de pocos segundos, antes de que volviera a hablar.- Aunque veo que estas bien acompañado. Payne y ¿quién es la bella señorita de que está revolucionando el ala masculina del evento?- me lo imaginé sonriendo, burlón. Su voz estaba llena de sarcasmo. Siempre estuvo llena de sarcasmo. Incluso cuando me decía que me amaba notaba una pincelada. Me giré lentamente. Debo de decir que ahora está mejor que antes. Y más alto. Y más fornido. Y más guapo. Y más de todo. Es increíble que todavía sintiera debilidad por él.- Es verdad, no exageraban. Estás… eres una diosa, nena.
-Hola, Jake.- dije seria.
-No te pases con ella, bro'.- reprendió mi primo.
-Ni que estuviera pillada. Todos sabemos que Payne es el que está pillado.- alzó las manos con inocencia.
-Soy inalcanzable para ti, Zaker.- reté.
-Mira, ya sabe hasta mi apellido. ¿Nos conocemos?- sedujo. ¿Enserio estaba haciendo esto? Era frustrante.
-Liam, me da que este quiere acabar como no acabó su hermano.- miré al chico.-Es hermano de Gary.- frunció el ceño y después lo miró mal.
-No está el por aquí, ¿verdad?- preguntó.
-Mi hermano aquí no pinta nada.- ahora fue él quien frunció el ceño.- Demasiadas cosas sabes de mí.
-¿Puedo pegarle ya?- me desesperé.
-Los nudillos no estan recuperados.
-Ah, ¿qué ahora eres doctor?
-No haberme preguntado.
-Debí pegarle cuando tuve oportunidad.
-Yo lo hubiera torturado
-Ya, ¿quieren decirme de que coño va esto?- exclamó desesperado.- Si me quieren matar, háganlo, pero primero quiero saber quien demonios eres.- exigió. No aguanté más. Lo cogí del cuello con una mano y lo pegué a la pared más cercana. Su expresión era de sorpresa. Lo había tomado con la guardia baja, igual que a mis otros dos acompañantes.
-No soy la misma, Jake. He cambiado y soy peligrosa. Pregunta a quien quieras. Al primero a tu hermano. Recuerda que si juegas con fuego, al final te quemaras. En mi caso, acabarás bajo tierra.- amenacé entre dientes.- Andate con ojo, con un tercero o incluso un quinto. Cuando menos te lo esperes, te haré caer y dudo que te levantes. Estarás demasiado muerto.- su color se volvió cada vez más morado.
-Jackie, suéltalo.- chilló Peter. En un intento por alejarme de él, me rodeó la cintura con sus brazos, haciendo que se me levantara el vestido. Pero no eran sus brazos, eran los de Liam. Los reconocí por el tatuaje. Me levantaron en volandas y me alejaron de él lo más que pudo. Me dejó en el suelo y me puso las manos sobre los hombros.
-¿Qué te crees que haces? Debiste dejarme matarlo.
-Bastante cruz tiene con ser como es, Jackie. No vas a conseguir nada.
-Si conseguiré algo.- lo interrumpí.- Orgullo perdido y satisfacción.- volví mi campo de visión a aquel…aquella cosa que me seguía mirando con asombro.
-Jackie, Jackie, mírame.- ordenó mi acompañante.- Que me mires, joder.- con brusquedad, tomó mi barbilla e hizo que le mirara.- No vale la pena, ¿entiendes? Quítate ya ese instinto homicida que tienes que solo te trae problemas.- me aguantó la mirada. Nunca antes nadie me aguantó la mirada como hizo él. Firme. Seguro de sí mismo, de lo que decía y pensaba. Sin vacilar. Sin miedo. No me tenía miedo. Aflojó su agarre pero no me soltó.- Mira Jackie, lo que te hizo ese chico fue estúpido. Si yo te tuviera, serías la mujer más feliz del mundo. Te colmaria de amor. Él no te merece, tú no mereces ese trato. Sé, estoy seguro al 100%, que dentro de esa apariencia impulsiva y peligrosamente atractiva hay escondida una chica que necesita de amor.
-No sabes nada.- gruñí. Me sacudí su mano y vi decepción en sus ojos.- Aceptamos el amor que creemos merecer. Y yo no merezco ninguno, Liam. No quiero tu pena ni tu lástima ni tu comprensión. No necesito nada ni a nadie. Yo sé cuidarme y valerme por mí misma. Gracias por preocuparte, pero guarda tu preocupación para otro.- dije. De improviso, llevó su mano a mi nuca, haciendo avanzar mi cabeza y presionando nuestros labios. Sinceramente nunca pensé que él quisiera besarme y, todo hay que decirlo, mientras lo miraba a los ojos y veía su determinación, también tuve ganas de comérmelo a besos. Pero ahi estaba yo, besando al ídolo de millones de chicas y no sabiendo como reaccionar.
-Good Boys Love Bad Girls too.- dijo cuando se separó.
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ahi tienen su maraton, se lo merecen. se que me tardé, los problemas con blogger no se solucionaban y el instituto no es q ayudra precisamente… bueno, les dejo unas imagenes para que tengan un poco mas de idea de algunas cosas del cap como 
vestido de
Jackie
:



p
eter

j
ake (se que no se le ve bien, pero esta ajidhmdlsnsklsksk
)

miércoles, 5 de febrero de 2014

La Caja De Pandora 2/3

Irlanda

Narra Zayn

Harry me miraba entre expectante y sorprendido. En eso la puerta se abrió y entró Liam gritando como loco y dando saltos.
-¡Aprobé, aprobé! Ya tengo el carné de conducir, lo tengo, whooooo.- chilló.
-Enhorabuena, amigo.- nos lanzamos a abrazarme. Sabíamos que era todo lo q él quería desde siempre, el carné de conducir.
- ¡Y además mi primo se casa!- añadió. Me quedé confundido.
-¿Pero irás solo?- pregunté.
-No, está claro que no, Zayn.- sonrió.
-Entonces…- intervino Harry.- Sophie esta en Las Vegas, haciendo…
-Diseñando, bueno ejerciendo de ayudante de diseñadora.- se encogió de hombros.- Tengo en mente a otra persona.- dijo pícaro.
-¿A quién, a quién?- empezó a dar saltitos Harry, deseoso de saberlo.
-¿En serio quieres saberlo?- enarcó una ceja por el simple placer de hacer rabiar a nuestro ruliento amigo.
-Si, si, si.- dijo ansioso.
-Vale, vale, pero quiero decírselo yo, no quiero que se entere por vosotros.- condicionó.
-Como digas, pero dinoslo ya. Muero de curiosidad.- dramatizó.
-La persona es…- hice como un redoble de tambores con los dedos.- Jackie.
-¡¿Jackie?!- gritamos a la vez.
-¿A quién más conozco aquí? Chicos, era obvio.- respondió él como algo normal. Nos miramos boquiabiertos.
-Pero…¿crees que va aceptar?- preguntó con cautela.
-Hay comida y bebida gratis e incluso barra libre para después. No creo que diga que no.- se encogió de hombros.
-Pues ves corre a preguntárselo y salimos de dudas, imbécil.- chilló Harry. Liam se sobresaltó y salió por la puerta tan rápido como pudo.

Narra Jackie

Todos los días iguales. Que asco de vida. En mi casa después de una estresante semana. Sola. En la cocina. Con un bote de nata montada en mi mano y ofreciendo a mi estómago generosas dosis de azúcar. Me apoyé sobre el banco de la cocina y fruncí el ceño. Hacia tiempo que no comía la nata de esa manera tan propia de mí, prácticamente desde que llegaron esos inútiles mi vida. Lo único que hacían eran agotar existencias y mi paciencia, ya de por si poca. Estaba por pegarme un tiro. No, no, no. Otra vez no. Un pinchazo en la sien vino acompañado con su recuerdo.
-Puta.- murmuré entre dientes. Siempre atormentando. ¿No podría darse unas largas vacaciones? Estaba por despedirla, pero es como los que no aceptan ese despido y al día siguiente los muy pringados, estan volviendo al trabajo. Ese era el trabajo de la niñata infame. Y allí estaba otra vez, de pie delante de mí, con su estúpida sonrisa burlona que me daban ganas de borrar a base de toda clase de agresiones, desde las bofetadas a los apuñalamientos. Parpadeé y me subministré otra tanda de nata hasta casi asfixiarme. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era un gilipollez, que todo estaba en mi puta cabeza, pero no había forma de alejar a la estúpida zorra de mis desgastadas neuronas a causa del alcohol.- ¿Qué coño quieres ahora, maldita?- dije con desgana.
-Llevarte conmigo.- respondió como afónica. Si, eso creo que fue por la idiotez que cometió antes de yo irme a Atlanta.
-Eso me lo dices siempre. Cambia un poco el guión, amiga.- me burlé. Ella frunció el ceño.
-Puedo desvelarte secretos, Jackie. Sé donde está tu hermana y cosas de tu pasado que nadie sabe.- sedució.
-Ahora viene la parte en que me creo todo eso y acepto tu trato, ¿no?- asentí.- Lo siento, pero mi alma esta vendida a Lucifer. Él me nombró, a cambio de ello, Pandora, que ya es decir.- ella no relajó su expresión.
-Él no puede decirte nada de lo que yo puedo decirte si vienes conmigo.- volvió a intentarlo.
-Me da que paso, Hasmy.- comencé el ascenso hacia mi habitación. Una vez en ella cerré la puerta y me senté en la cama, cubriendo mi rostro con mis manos. Odiaba a Hasmy. Era más cruel que yo. Ella trataba a las personas como si fueran mierdas. A ver, yo las trato igual, pero lo de esa chica era de estar en pleno apogeo mental. No carburaba. El alcohol consumió todas sus neuronas y la maria que se fumaba, combinada con la heroína que se esnifaba no es que contribuyera mucho a mejorarla. Pero, a pesar de todo, era mi mejor amiga. Después me volví algo parecido a ella, sólo que yo no era tan idiotamente estúpida como para mezclar tanta mierda en mi organismo. Dicen que quienes mueren jóvenes dejan un bello cadáver, pero voy a discrepar…¡Y una mierda como la Casa Blanca! El cadáver de Hasmy Hawk era horrible, el peor de todos, después del del irreconocible Paul Walker, con todos mis respetos, adoraba a ese hombre. Y ahora su puto fantasma no me dejaba vivir.
-Jackie.- me llamó.
-No, soy gilipollas, ¿quien sino?- sarcasmo.
-Ella morirá si tú no vienes conmigo. Ella sufrirá y morirá y nunca más podrás volver a verla.- dijo con una sonrisa cínica delante de mí.
-¡A quien no quiero volver a ver es a ti, puta loca!- chillé poniéndome en pie.- ¡Ya podrías dejarme en paz de una santísima vez!- estaba roja de ira y veía venir un ataque otra vez. Empecé a dar puñetazos. Si su voz era tan real, ¿porque no lo podía ser también su cuerpo? En el fondo yo sabía que no era así, todo era mentira. Clavé el puño en la pared y lo retiré con todos los nudillos sangrando y llenos de astillas.- Te odio.- grité a pleno pulmón. Y pegué con el otro puño a la pared tantas veces como quise. Básicamente la utilicé de saco de boxeo. La adrenalina que recorría mi cuerpo me impedía sentir dolor y cansancio. De un momento a otro, me desplomé y quedé como los muñecos de Toy Story. Mi respiración era acelerada. Apoyé la cabeza en la pared e intenté acompasarla. Tenía los ojos cerrados, no quería ver mis nuevos guantes rojos. Al final lo conseguiría, conseguiría que me fuera con ella. Pero no quería. Todavía tenía cosas que hacer. Intenté ponerme en pie, pero las rodillas me temblaban y las manos me dolían cuando las apoyaba para tomar impulso. No desistí. Verdad que me dolía, pero iba a desangrarme como no hiciera algo. Y entonces me iría con ella. Unos pasos apresurados a lo lejos hicieron falta para saber que no había movido ni un músculo. Seguía con la cabeza apoyada y los ojos cerrados. Después un chillido ahogado. La voz de un chico que me era familiar y a la vez no.
-Jackie.- me llamó alarmado.- Por favor, ¡contesta!- gritó desesperado.
-Te odio.- conseguí decir sin abrir los ojos.
-A mí y a todos, lo sabemos.- chilló.
-A ti no.- abrí los ojos. Sentía que mis manos eran corazones que bombeaban. Gruñí al levantar la mano y con un dedo señalar a la chica, que, con los brazos cruzados, disfrutaba de mi sufrimiento.- A ella.-Liam se giró, pero no vio nada.
-¿A quién, Jackie? Aquí no hay nadie más que tú y yo.- tragó saliva.
-¿Cómo te sientes, princesa?- sonrió burlona.
-Siento que te odio.- apreté los dientes.
-Cambia el guión, amiga.- repitió sonriendo de lado.
-Si pudiera te partiría la boca por repetirme.- amenacé.
-¿Tú crees? Apenas le pegas a un niñato del tres al cuatro. ¿Qué fue lo máximo que hiciste, eh? Pasaste la duana con una tonelada de droga, ¿y qué? Yo lo hacía continuamente.- aumentó su ego.
-Si, la pasé, pero no me enganché a ella. Matabas por tener un gramo de cocaína. Literalmente.- me mofé.
-No me digas lo que hice, niñata. Te volviste una oxigenada, como todas las demás.
-Oxigenada será tu puta, porque yo no.- murmuré visiblemente cabreada.
-Jackie, te sugiero que te relajes y…
-Cierra la boca y no te metas en esto.- interrumpí, intentando incorporarme de nuevo. Pero fue un intento fallido. Me volví a desplomar. Había perdido demasiada sangre.
-No te muevas.- ordenó. Desapareció en mi baño y a los segundos, apareció de nuevo. Me negué a que me tomara en brazos, como sabréis, ODIO el contacto físico, así que pasó un brazo mío sobre sus hombros y me llevó al baño. Hizo que me lavara las manos, medio me las lavó él, ya que la poca fuerza que me quedaba la había gastado en el corto camino hasta allí.
-Sepárate.- gruñí al notar que sus brazos rodeaban los míos y mi espalda chocaba contra su pecho.
-¿Y dejar que te caigas? No, gracias. Dios mío, ¿qué hiciste?- afirmó inflexiblemente.
-Lo que le voy a hacer al siguiente que me toque más de la cuenta, vamos, en cuanto tenga energía como para pegarte una paliza.- avisé.
-Pues vaya, que gracias más particular.- se burló.
-Ja-ja, muy gracioso.- lo miré mal. Se separó de mí y creí caer. Rápidamente me cogió de la cintura para evitar mi caída.
-Con cuidado.- susurró en mi oído.Apreté fuerte la mandíbula. Tenerlo tan cerca era repulsivo, con todas las letras. No sé como lo amaban.- Así vas bien, muy bien.
-No soy idiota.- reproché entre dientes. Él rió amargamente.
-Ya lo sé. Eres la persona más inteligente que he conocido. Y con más capacidad de amenaza también.- añadió.
-Ya deja eso o sino, conseguiré una orden de alejamiento por agresión sexual.- amenacé.
-¡Encima de que te estoy ayudando!- gritó. Me sentó en la cama y se arrodilló delante de mí.
-¿A qué viniste?- cambié de tema.
-Vine a pedirte una cosa.- sonrió. Enarqué una ceja, a la espera de su propuesta.- Me gustaría que me acompañaras a la boda de mi primo.