Buenos Aires
Narra Louis
-¿Qué haces?- preguntó alejándose tanto como pudo.
-No te voy a perder de nuevo, te demostraré que no recuerdo nada, que…
-¿Es que no ves que no me importa, no me importas?- gritó de tal manera que me hizo callar. Su cara estaba desencajada de enojo. Entonces el taxi se puso en marcha.
-¿Realmente ya no me amas?- la miré tristemente.
-Vamos a suponer que si te sigo amando, ¿qué vas a hacer? Te vas a ir dentro de tres días, que más da.- volvió la cabeza, mirando la calle, evitando mi mirada. ¿Tan poco me conocía? ¿Tan pronto creía que la iba a dejar ir? No la iba a dejar, la llevaría conmigo. Con sigilo me acerqué a ella tanto como pude y con suma delicadeza, la tomé de la barbilla, haciendo que quedaramos a escasos milímetros y juntando, de una maldita vez, nuestras bocas. No podía creerlo. Por fin, por fin podía volver a sentir esas cosquillas en el estómago y ese deseo de no parar, la sensación de que el mundo, el tiempo se detiene y que nada importa. Esa sensación que con Eleonor me era totalmente desconocida.
-Eso suponiendo que te amo.- dijo cuando nos separamos para coger aire.- ¿Y si no te amo?
-Te haré cambiar de opinión.- aseguré mientras reencontraba nuestros labios. Por increíble que pareciera, me siguió el beso. Fue tan tierno que creía morir. Bruscamente, se separó de mí y me miró burlona.
-Gracias por el viaje.- me guiñó un ojo y salió apresuradamente del taxi. Me quedé confundido, no, lo siguiente. Vi como entraba en el portal y como desaparecía en su interior. Era incapaz de reaccionar.
Narra Belu
Subí hasta mi departamento. Torpemente encontré las llaves y las metí en la cerradura. La llave rodó y la puerta se abrió. Me metí en el departamento y cerré de un suave portazo. Todas las luces estaban apagadas, todo en un silencio sepulcral. Me desplomé en el suelo y estallé en un llanto de rabia. ¿Por qué tenía que volver y poner mi corazón del revés de nuevo?
-Te prometo.- susurré al techo, aún con los ojos encharcados.- Que no volveré a caer otra vez con la misma piedra. Esta vez, nunca más.
Narra Ela
El sábado decidí volver a la casa de George ya que me fui precipitadamente de allí sin dar explicaciones. Me arreglé:
Y salí después de desayunar, dejando una nota diciendo donde estaba. Me acomodé bien el bolso, con los libros necesarios, en el hombro. Caminé por las calles, recordando el camino. Cuando llegué, toqué la puerta con los nudillos y me abrió la madre de George, Susan.
-Hola, bella, ¿qué te trae por aquí?- preguntó dulcemente la mujer.
-Su hijo, es decir,...- me corregí rápidamente.- El trabajo que tengo que hacer con su hijo. No lo terminamos.
-Pasa.- se hizo a un lado, dejándome vía libre.- Está en su habitación.- sonrió. Asentí con timidez y me apresuré a subir a su cuarto. Toqué la puerta con los nudillos y no entré hasta que no oí su suave voz dándome permiso. La ventana estaba abierta y él miraba el techo con el cigarrillo en la boca. Pasaron unos minutos hasta que se dió cuenta de mi presencia. Tragué saliva cuando su mirada se posó en mí. Se mordió el labio inferior, se iba acercando a mí lentamente y yo retrocedía hasta que mi espalda chocó con la puerta. La había cerrado, por eso su mano estaba apoyada a la izquierda muy cerca de mi cabeza.
-Lamento haberme ido así ayer. Tenía que avisar a mi prima.- me disculpé sonando más tranquila de lo que en realidad estaba.
-Lo entiendo. Yo habría hecho lo mismo en tu lugar.- asintió. Se quedó así, callado, trasladando su mirada de mis labios a mis ojos. Su cálido aliento rozó todo mi rostro.
-George…- susurré.
-Mono el Mocoso, ¿lo recuerdas?- murmuró con seguridad. ¿Cómo?
-¿Lo…lo conoces?- tartamudeé sin poder creerlo.
-Lo tienes delante.- su boca se volvió una línea. Me costó respirar. Bajé la cabeza, incapaz de mirarle. Recordé las cosas tan malas que le hicieron mis amigas, mis compañeras…y yo. Cosas horribles con tan solo tres, cuatro y cinco años. Una lágrima rodó por mi mejilla.
-George, yo…- sollocé.- Siempre me arrepentí. Te lo juro, pero nunca te encontré, nunca conseguí contactar contigo después de que te fueras a Edimburgo. Nunca pensé que fueras tú. Lo siento tanto.- estallé en llanto. Cubrí mi rostro con las manos para que no me viera llorar. Él me estrechó entre sus brazos, un gesto cálido.
-Tú eres la persona que amo, Ela, tú eres la chica de la que llevo enamorado desde preescolar. Tú, tú y solo tú.- apoyó su barbilla en mi cabeza.
-Soy un monstruo. Te hice tanto daño. No entiendo como me amas, no lo entiendo.-
-Mirame.- al ver mi negativa, que no quería, suavemente me levantó de la barbilla.- Mirame, Ela.- suspiré y lo miré. Sonrió.- No necesito más que verte para saber que lo sientes. Y te amo.- lo siguiente que hizo fue unir nuestros labios en el mejor beso que me dí nunca.
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Lo sé, me odian y ta, pero el pu.to blogger no me dejó publicar la entrada, así que en cuanto acabé esta, pues me deja publicarla!!! Pero la otra sigue sin poder escribirse, así que la volveré a escribir y la tendréis ;) Os amo, babies.