Buenos Aires, Argentina
Narra Ela.
En el instituto quedé con George para esa misma tarde en su casa. Me invitó a ir a su casa, ya que tenía que hacer algunas cosas allí. A pesar de que mi prima me dijo que lo hiciéramos en el apartamento. Incluso me invitó a comer. Obviamente, acepté. Fuimos juntos hasta su vivienda. No podía mirarlo a la cara, ni dejar de sonrojarme. Su casa dejaba mucho que desear, era pequeña, humilde y algo vieja, pero se notaba un ambiente hogareño. En pocos lugares me había sentido tan…en casa. Su madre era la persona más dulce con la que me había cruzado después de mi prima, claro. Después de comer, subimos a su habitación, no sean malpensadas, porque allí estaríamos más tranquilos.
-¿Te importa si me quito la camiseta?- pidió permiso, que mono.
-Obvio, estás en tu casa.- sonreí. Respondió a mi gesto y se la quitó. Tragué saliva. Me costó apartar la vista de sus marcadas abdominales.
-¿Empezamos?- sugirió.
-Claro, claro. ¿De qué quieren qué vaya el trabajo?- pregunté.
-Yo había pensado hacerlo de algo que nunca antes se haya hecho.- nos quedamos pensando.
-En biología hay poco donde escoger en ese sentido.- observé.
-Eres inteligente, seguro que se te ocurre algo.- halagó, de manera que me sonrojé.
-Por ahora, mi mente está en blanco.- reí nerviosa.
-Si prefieres que me cubra no tengo problema.- dijo.
-No, no, no.- me apresuré a decir.- Es decir, tú estás más cómodo así, es tu casa, no me molesta que no lleves camiseta, pufff, para nada.- añadí nerviosa.
-Si tanto te gusto, ¿por qué no me lo dijiste desde un principio?- se acercó a mí.
-Yo…yo.- balbuceé.
-Ela, nunca quise ser el amor inalcanzable de nadie. Y más si esa persona es de la que llevo enamorado desde preescolar.- confesó. No podía ser yo. Nos conocimos en secundaria. No pude evitar derramar una lágrima, que sequé rápidamente con el dorso de mi mano.
-¿Quieres que te ayude a conseguirla?- antes de obtener una respuesta, mi móvil sonó.
Narra Belu
Necesitaba hablar urgentemente con mi amiga, así que la llamé.
-¿Si?- contestó.
-No miraste el identificador, ¿verdad?- adiviné.
-¿Dónde está la cámara?- se burló. Yo reí.- ¿Para que llamabas?- preguntó dulcemente.
-Estas en el apartamento, ¿no? Necesito hablar contigo.- informé, dándole a mi voz un toque de impaciencia.
-No, pero enseguida voy para allá.- colgó. Me dirigí al apartamento. Justo en la puerta me topé con Claire.- Casualidad, amiga.- sonrió.
-Vaya que si, pero hablaremos más tranquilas arriba.- eludí.
-Como quieras.- se encogió de hombros.
Narra Ela
-¡¿Se puede saber dónde te metiste anoche?! Estás con el gilipollas de Chris, ¿verdad, Claire?- gritó mi interlocutor.- Mala puta, ¿ya te lo tiraste? Tus padres te están buscando por todas partes. Mira que eres zorra.- de la impresión no podía contestar, pero al decir lo último, reaccioné.
-Oye, amigo, te aconsejo que te tranquilices. No soy Claire, mi nombre Ela, para tu información. Ya podrías ir preguntando con quien hablas, gilipollas.- contesté.
-Para tu información, mi nombre no es gilipollas, es Gary.- replicó.
-¿Enhorabuena?- hice como si no me importara. Espera, pero su voz, su nombre…- ¿no serás por casualidad Gary Sullivan?
-¿Qué pasa si lo soy?- respondió.
-¡Pedazo de hijo de puta!- George se sobresaltó ante mi grito.- ¿Cómo te atreves a llamarme, hijo de la gran perra? Por lo visto no tengo suficientes problemas, que te han querido añadir a mi lista.- bufé.
-¿Ela? La madre que te parió. En cuanto te vea, juro que te mato. Le harás compañía a tu puta tía.- gritó.
-Ojalá y te mueras. No eres más que un estorbo de la sociedad. Y como vuelvas a nombrar a mi tía, me encargaré de partirte la cara.- amenacé.
-Tranquila, de eso se encarga tu prima. Ayer casi me mata.- informó.
-Que pena que no lo consiguiera.- murmuré y, acto seguido, colgué. Comencé a respirar con dificultad. Algo se amontonaba en mi garganta, asfixiándome.
-Eh, eh, ¿quién era?- el chico me cogió en brazos y me acostó en la cama.
-No, no puede volver.- susurraba mirando la nada.- Él no puede estar aquí. Claire…Belu…estan en peligro…está aquí.- creo que comencé a delirar.
-No, Ela, estoy yo, no él. Te prometo que no os pasará nada malo.- prometió. Lo miré con la vista totalmente vacía.
-No prometas cosas que después no vas a poder cumplir. Él volverá a por ella. Se la llevará, me la arrebatará y no podré verla más.- intenté acompasar mi respiración con los latidos de mi corazón, pero era imposible. Podía rastrear la llamada y llevarle directamente hasta Claire. -No tendría que haber atendido al teléfono.- me repetí una y otra vez. No podía parar de dar vueltas en círculos por la pequeña estancia. George me sostuvo por los hombros y clavó su mirada en la mía.
-Sea quien sea, no se va a acercar a ti, porque soy capaz de todo.